10 lecciones sobre crianza de hijos (más) grandes

¡Lo hicimos! Aileen y yo llevamos exitosamente a uno de nuestros hijos a través de la infancia hasta la adultez. Hoy Nick, el mayor, celebra su cumpleaños dieciocho. Ya es un adulto, y además uno bastante bueno. ¿Bastante bueno? No, mucho mejor que eso. Es increíble. Es inteligente, astuto, maduro, buen lector, interesado, encantador y piadoso. Estamos inmensamente orgullosos de él y confiamos en que le irá bien en la vida. Sabemos que queda mucha paternidad por realizar, pero por ahora estamos disfrutando el momento. Es un buen sentimiento.

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Cuando mi hijo menor cumplió 10 y se graduó de la etapa de niño pequeño, escribí «10 lecciones sobre crianza de pequeños». Ahora que el mayor cumple 18, pensé que sería divertido compilar algunas ideas sobre la crianza de los más grandes. Así que estas son algunas cosas que hemos estado aprendiendo en el proceso (todo lo cual les robamos a los padres que hemos admirado e hicimos todo lo posible por imitar):

Incentiva a tus hijos a desarrollar amistades con adultos. En otras palabras, deja que tus amigos sean amigos de ellos. Estoy seguro de que también dije esto en mi otro artículo, pero el tiempo y los hijos mayores han demostrado mucho más por qué esto es tan importante. Dales a tus hijos el privilegio y el beneficio de acceder a personas mayores, sabias y piadosas, y no son sus padres. Como mamá y papá, ustedes tienen una enorme influencia sobre sus hijos, pero a veces es sabio y provechoso entregar alegremente la influencia a otros. Aprende a decir: «Esto es lo que yo pienso, ¿pero por qué no le preguntas a [nombre del amigo] también…?».

No te desanimes tan fácilmente ni te impresiones tan fácilmente. Algunos niños tienen un temperamento natural que puede enmascarar todo tipo de pecados. Algunos niños tienen un temperamento natural que no puede enmascarar ni el menor pecado. No te desanimes tan fácilmente por niños que felices exhiben su maldad; no te impresiones tan fácilmente por niños que mayormente exhiben su bondad. En la parábola más famosa de Jesús, ni el hermano mayor ni el menor estaban fuera de la necesidad o el alcance del amor del Padre. Tu mejor y tu peor hijo necesitan a Jesús por igual.

Haz tiempo para ellos. Este es un consejo nada original, lo sé, pero es un consejo que necesitaba a menudo y uno que todavía hoy necesito. Por mucho tiempo he priorizado llevar a mis hijos a tomar desayuno los sábados para tener un poco de tiempo personal. Siempre les he dicho que, en la medida de lo posible, intentaré llevar a cada uno de ellos a cualquier lugar del mundo que ellos quieran antes de que se vayan de la casa. Estos son momentos dedicados a solas con papá. Pero me ha sorprendido darme cuenta de que las mejores conversaciones simplemente se dan en el camino. Algunas de las conversaciones más significativas ocurren mientras hacemos alguna labor juntos o los llevo o traigo de la casa de un amigo. Esto he aprendido: si estás fuera haciendo tareas mientras tus hijos están sentados en la casa, lo estás haciendo mal. Invítalos a que te acompañen «porque sí» y tendrás un contexto donde las conversaciones simplemente se darán.

Ayuda a tus hijos a depender de pastores piadosos. Entrena a tus hijos para que sepan cuándo y cómo confiar en los pastores. Cuando tus hijos tienen grandes preguntas o dudas, háblales de esos temas, pero también anímalos a hablar con el pastor. Cuando quieran ser bautizados (o hacer la profesión de fe, dependiendo de tu tradición), habla con ellos y ayúdalos a pensarlo, pero también dirígelos rápidamente a un pastor. Enséñales: cuando el cuerpo necesita atención, uno habla con el doctor; cuando el alma necesita atención, uno habla con el pastor.

Prioriza la iglesia local. Este punto parecía fácil cuando nuestros hijos eran pequeños, pero se ha vuelto más complicado a medida que crecen, han ganado independencia, han conseguido empleos. La forma que toma esta priorización puede variar con las circunstancias, pero pocas lecciones servirán más a tus hijos que esta: la adoración con la iglesia local es un asunto de alta prioridad.

Cree en los devocionales familiares. He dicho esto cien veces en cien contextos distintos, y no espero dejar de decirlo en el futuro próximo. Los devocionales familiares importan aun cuando no siempre se siente como si importaran. Los devocionales familiares marcan una diferencia aun cuando no siempre se siente que marquen una diferencia. Estamos propensos a rendirnos en cosas que no entregan resultados inmediatos, y los devocionales familiares no entregan resultados inmediatos. Pero sigue practicándolos y persiste en ello año tras año, y creo que vas a mirar atrás y verás que fueron un importante factor en la salvación de tus hijos, en su crecimiento espiritual, y en la unidad de tu familia. Pregúntales a tus hijos más tarde en la vida, y apuesto a que te dirán que pocas cosas que hiciste fueron tan significativas aun cuando ni tú ni ellos lo reconocieron en el momento.

Mantén el rumbo. Los padres reciben muchos mensajes, algunos subliminales, de que los hijos se malogran fácilmente. A menos que uno los eduque de esta forma o los discipline de aquella forma o les dé libertad de otra forma, más tarde lo lamentará profundamente. A veces eso es cierto, pero no a menudo. Tendemos a sobrestimar demasiado la relevancia de un momento o fase y subestimamos demasiado la relevancia de 18 o 20 años de influencia. Lanza una moneda diez veces y tal vez descubras que sale un treinta por ciento cara y un setenta por ciento sello. Lánzala mil veces e inevitablemente descubrirás que es mucho más cercano a un 50/50. De un modo similar, pareciera que la mayoría de las cosas que pensamos que iban a arruinar a nuestros hijos al final, por así decirlo, se nivelaron.

No los apresures a una profesión de fe. Los hijos que crecen en hogares cristianos sienten la presión de declararse formalmente cristianos. Aunque esa presión es inevitable, también puede forzar a los niños a hacer una profesión de fe, no porque sea genuina, sino porque desean apaciguar a mamá y papá o mantener el contacto con sus pares. La mayoría de los niños criados en la iglesia al parecer enfrentan una especie de crisis al comienzo o en la mitad de su adolescencia —los años cuando comienzan a experimentar una medida de independencia— en la cual tienen que decidir si realmente creen todo este asunto de Jesús o si meramente están siguiendo a mamá y papá. Hemos descubierto que es importante no apresurar a los hijos a ese punto y no apresurarlos en ese proceso. Sé paciente, ora al respecto, habla mucho con ellos, pero concédeles tiempo.

Ora, ora, ora. La oración es clave para criar a los pequeños; la oración es clave para criar a los más grandes. Supongo que eso no sorprende, pues la oración es clave para todo en la vida cristiana. Aquello por lo que uno ora va a cambiar, y a veces la seriedad de tus oraciones va a variar. Pero debes orar por ellos constantemente. Dios elige actuar, no con independencia de esas oraciones, sino a través de ellas y a causa de ellas. Padres, ¡oren!

Enfócate más en compartir experiencias que en intercambiar cosas. Es mucho más probable que las cosas que tú y tus hijos recuerdan y celebran conforme pasan los años sean las experiencias que compartieron más bien que los regalos que intercambiaron. Esas vacaciones familiares importan más que los regalos de cumpleaños; los desayunos a solas con mamá o papá importan más que el recuerdo que trajiste de tu viaje de negocios. Esos recuerdos importan; yo les traigo algo a mis hijos desde cada país que visito. Pero nada reemplaza o desplaza el precioso regalo del tiempo, y especialmente el tiempo que se pasa jugando, viajando, explorando, y simplemente estando juntos. Las experiencias compartidas constituyen los recuerdos más preciados e irreemplazables.