4 peligros graves de cada pecado

He predicado esta verdad un centenar de veces a otros y mil veces a mí mismo: no se puede pecar sin que haya consecuencias. Esa no es la forma en que Dios ha estructurado su mundo. No es la forma en que Dios ha estructurado a su pueblo. Para los cristianos, las consecuencias últimas han sido plenamente pagadas por Jesucristo, pero esto no significa que no haya motivo para temer las consecuencias inmediatas. Con la asistencia de un escritor favorito, estos son cuatro peligros graves de cada pecado.

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El peligro de endurecerse

El primer peligro es el peligro de endurecerse. El hecho es que el pecado pretende endurecerte contra el amor y la misericordia de Dios. De hecho, el objetivo último de cada pecado, por muy pequeño que sea, es endurecerte completamente contra Dios. John Owen advierte que debes «poner atención, usar todos los medios, considerar tus tentaciones, vigilar diligentemente. En el pecado hay una traición, un engaño que tiende hacia el endurecimiento de tu corazón respecto al temor de Dios». Cada pecado te da un empujón hacia una completa y profunda dureza de corazón. La realidad es que tu pecado siempre va varios pasos delante de ti. «¿No es suficiente para hacer temblar el corazón pensar en ser llevado a ese estado donde uno tendrá pensamientos livianos sobre el pecado? Los pensamientos livianos sobre la gracia, la misericordia, la sangre de Cristo, la ley, el cielo y el infierno, todo esto llega en el mismo momento. Presta atención, hacia esto está operando tu pecado: el endurecimiento del corazón, la cauterización de la conciencia, la ceguera de la mente, la insensibilización de los afectos, y el engaño del alma entera».

 

El peligro de la corrección divina

El segundo peligro es el peligro de la corrección divina. Tu pecado puede hacer que Dios traiga algún tipo de disciplina contra ti, aun cuando de todas formas te perdona. «Aunque Dios no te va a expulsar definitivamente por esta abominación que reside en tu corazón, no obstante, él te visitará con la vara; aunque él perdona, se vengará de tus invenciones». Dios, como un Padre amoroso, a veces te disciplina para tu propio bien. El amor que sientes hacia tus hijos a veces te hace disciplinarlos por su pecado, y lo mismo es cierto respecto al amor de Dios por ti. El pecado que deseas cometer simplemente puede traer su disciplina correctiva sobre ti.

 

El peligro de la falta de paz y fortaleza

El tercer peligro es que el pecado puede robarte la paz y la fuerza espirituales. Tu pecado puede desatar consecuencias de largo plazo que se extenderán a todos los aspectos de la vida. «Tal vez en un breve tiempo no verás más el rostro de Dios en paz. Quizá mañana no serás capaz de orar, leer, escuchar ni realizar ningún deber con la mínima alegría, vitalidad o vigor; y puede ocurrir que nunca veas una hora serena mientras vivas…». Y todo esto puede suceder porque elegiste pecar y ahora estás sufriendo las consecuencias. No se puede pecar intencional y temerariamente sin consecuencias.

 

El peligro de la destrucción eterna

El mayor peligro de todos es que si sigues en el pecado puedes demostrar que no has sido salvado en absoluto y, por lo tanto, enfrentes la ira de Dios. «Existe tal conexión entre una continuidad en el pecado y la destrucción eterna que, aunque Dios efectivamente resuelve librar a algunos de la continuidad en el pecado para que no sean destruidos, no obstante, no librará de la destrucción a nadie que continúe en pecado; de manera que, mientras alguien esté bajo un permanente poder del pecado, se le deben presentar las amenazas de la destrucción y la eterna separación de Dios». Si bien el pecado —incluso el pecado grave— no necesariamente demuestra que alguien no ha sido salvado, la continuidad en el pecado sin un progreso contra él debería ser una seria advertencia. Si sigues en tu pecado sin arrepentirte, demuestras que no eres salvo en absoluto y dejarás esta vida para enfrentar el juicio eterno de Dios.