¡Afila tu hacha!

El fin de semana pasado, reordenamos un poco nuestro sótano, que también es la oficina donde Aileen y yo trabajamos diariamente. Este reordenamiento incluyó sacar algunas cosas e introducir otras. Teníamos un equipo bastante grande y pesado que necesitábamos retirar, así que pusimos un aviso en internet, y dijimos que quien lo quisiera tendría que llevar la gente y las herramientas necesarias para sacarlo. Las personas que lo pidieron llegaron con la gente y con algunas herramientas, pero no las herramientas. Los observé por algún tiempo mientras intentaban desarmarlo con herramientas que no eran las más apropiadas para la tarea. Finalmente lo lograron, pero les tomó mucho más tiempo y requirió mucho más esfuerzo del necesario.

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Esta mañana pensaba en sus torpezas y tropezones cuando mi devocional me llevó a Eclesiastés 10:10: «Si el hacha pierde su filo, y no se vuelve a afilar, hay que golpear con más fuerza. El éxito radica en la acción sabia y bien ejecutada». Tal vez las personas que vinieron a mi casa no necesitaban una hoja afilada, como el hacha de este proverbio, pero lo que sí necesitaban era la herramienta apropiada. El hecho de no traerla les costó tiempo y la molestia. Francamente, los hizo quedar como tontos.

La sabiduría es una herramienta útil en todo ámbito de la vida. De hecho, según Salomón, es la herramienta más crucial para vivir una vida que agrade a Dios. La sabiduría, entendida correctamente, es el reconocimiento de la existencia de Dios y la disposición a rendirse a su autoridad. La persona sabia no es la que acumulado muchos datos y puede destruir a todos los demás en un concurso de conocimientos, sino aquel que se ha sometido a la voluntad de Dios. «El principio de la sabiduría es el temor del Señor». No es de extrañar entonces que Salomón diga en otro lugar: «La sabiduría es lo primero. ¡Adquiere sabiduría! Por sobre todas las cosas, adquiere discernimiento» (Proverbios 4:7).

La vida inevitablemente nos presenta muchas áreas en las que necesitamos tomar decisiones difíciles. En algunas de ellas recibimos la guía explícita de la Escritura; ella nos dice qué debemos hacer y qué no debemos hacer. En tales casos, la única opción correcta es obedecer. Sin embargo, hay muchos más casos donde la Escritura no nos da esa orientación explícita. En tales casos, nos vemos obligados a escoger entre diversas opciones que pueden ser todas viables, y aquí es donde debemos confiar en la sabiduría. Es aquí donde la sabiduría resulta ser una herramienta invaluable.

Si alguna vez has intentado cortar leña con un hacha desafilada, conoces la frustración y el enorme esfuerzo requerido. Sacarle filo al hacha es una solución simple y efectiva que permite hacer el mismo trabajo con un esfuerzo drásticamente menor, por no hablar de los mejores resultados. De una forma muy similar, la sabiduría permite tomar decisiones apropiadas y efectivas. Mientras más sabiduría acumules, puedes tomar mejores decisiones, y mientras más sabiduría acumules, puedes tomar decisiones más rápido. Con poca sabiduría, básicamente estás golpeando todos los «árboles» de la vida con un hacha desafilada.

Afortunadamente, se puede obtener sabiduría. La sabiduría está disponible, solo si queremos tomarla. El llamado de Proverbios es el llamado de toda la Escritura. «Escuche esto el sabio, y aumente su saber; reciba dirección el entendido… El temor del Señor es el principio del conocimiento» (Proverbios 1:5, 7). ¿Estás afilando tu hacha? ¿Estás creciendo en sabiduría?