Alégrate con la esposa de tu juventud (y no tanta juventud)

Este verano Aileen y yo celebramos nuestro vigésimo aniversario, y puedo decir honestamente que pocas cosas en la vida me han emocionado u honrado más que el hecho de que ella escogiera pasar su vida conmigo, de todas las personas. Hace tantos años ella aceptó vincular su vida a la mía y hemos estado juntos, unidos, desde entonces. ¿Qué tan asombroso es eso?

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Precisamente en los días en torno a nuestro aniversario, mi devocional me llevó a las palabras de Salomón: «Alégrate con la esposa de tu juventud» (Proverbios 5:18 NTV). Aunque sé que estas palabras fueron escritas específicamente a un hombre joven, comencé a reflexionar sobre ellas como un hombre no tan joven. Aileen es la esposa de mi juventud, aunque ninguno de los dos puede pretender ser tan joven como una vez fuimos. Así que, ¿de qué manera un hombre ya no joven puede atender a estas palabras? O quizá mejor aún, ¿qué consejo u orientación puede ofrecerles a quienes están recién casados? Mientras consideraba cómo alegrarse con la esposa de la juventud, mis pensamientos me llevaron a lo siguiente.

Alégrate en sus dones. Alégrate con la esposa de tu juventud alegrándote en sus dones. Gran parte del gozo del matrimonio llega por tener un asiento en primera fila a la vida de otra persona. Desde esta perspectiva, uno tiene la dicha de verla poner sus talentos a trabajar. Cuando ella es cristiana, uno puede verla dedicar sus talentos y dones espirituales al gran propósito de hacer el bien a otros y glorificar a Dios. Esto te da el motivo y la capacidad de alegrarte al ver a alguien que intencionalmente libera lo que Dios le ha dado.

Alégrate en su amor. Alégrate con la esposa de tu juventud observando atentamente la manera en que te ama y decidiendo disfrutarlo en esos términos. Es cierto que la terminología del «lenguaje del amor» no está tomada directamente de la Biblia y no es perfecta en absoluto. Pero de todas formas es una manera útil de reconocer el simple hecho de que las personas diferentes expresan el amor de maneras diferentes. Si alguna vez sientes que no eres amado o poco amado, abre tus ojos y tu corazón, observa atentamente, y probablemente veas que realmente eres amado, aunque tal vez en un «lenguaje» que no es de tu preferencia. Así que deja de quejarte y desear, y más bien aprende a aceptar y disfrutar ese lenguaje. Alégrate de ser el receptor indigno de la dedicación y afecto de tu esposa.

Alégrate en sus diferencias. Alégrate con la esposa de tu juventud alegrándote en cómo la ha hecho Dios. Existe una voz gruñona dentro de la mayoría de nosotros que dice que el principal problema con nuestra esposa son las formas en que ella no es un hombre. Hombres y mujeres tienden a ser diferentes en su involucramiento emocional, en la manera en que procesan la vida, en su espiritualidad, en su interés y respuesta sexual, etc. Estas son diferencias que reflejan el buen diseño de Dios. Son diferencias para maravillarse, para aceptar y disfrutar, no conductas que cambiar o molestias que tolerar. Alégrate en ella alegrándote en esas diferencias y no deseando que ella fuera de hecho más como tú.

Alégrate en su santidad. Alégrate con la esposa de tu juventud alegrándote en su santidad. Una de las mayores bendiciones que recibo cada día es ver la Biblia abierta de Aileen. De hecho, a veces cuando sé que está en su devocional voy y le lanzo una mirada solo para animarme al verla buscar al Señor. Mientras más lejos llegamos juntos en la travesía de la vida, y mientras más nos conduce este viaje a caminos ásperos, más valioso se vuelve este hecho. Aprende a alegrarte en la santidad de tu esposa; a celebrar cada uno de sus avances en la santificación y a ser paciente y perdonador con su pecado.

Alégrate en sus pasiones. Alégrate con la esposa de tu juventud alegrándote en sus pasiones. A cada uno Dios nos da diferentes intereses y nos crea de tal forma que nos entusiasman cosas diferentes. Puedes hallar dicha en tu esposa aprendiendo sobre las cosas que le apasionan, que la impulsan. Puede ser una gran causa o un divertido pasatiempo, algo que la motiva o algo que la relaja. De cualquier manera, cuando te alegras en lo que a ella la alegra, tu alegría aumentará aún más.

Alégrate en su cuerpo. Alégrate en la esposa de tu juventud disfrutando la relación sexual juntos. Dejo esto para el final aunque es la aplicación más obvia del texto original. Este pasaje está sexualmente cargado y queda claro que Salomón intenta convencer a su lector de que esté y permanezca enamorado de su esposa y disfrute de la relación sexual que comparten para toda la vida. «Es una gacela amorosa, es una cervatilla encantadora. ¡Que sus pechos te satisfagan siempre! ¡Que su amor te cautive todo el tiempo!». Alegrarte con tu esposa significa buscarla activamente, hacer aquellas cosas que le causan deleite y la fascinan, y mantener un interés activo y constante en ella. Alegrarte con tu esposa significa rehusar alegrarte en alguien más; abstenerse de desear a alguien más, rehusar permitir que tus ojos observen o tu corazón anhele a cualquier otra mujer. A través de etapas de enfermedad y salud, capacidad e incapacidad, deseo y apatía, y todos los demás altibajos que vienen con las décadas viviendo juntos, alégrate en ella, en su cuerpo, en ella y solo en ella.

Ya seas un hombre joven, o no tanto, tienes el mismo llamado de Dios: alégrate con la esposa que Dios te ha dado. Alégrate en su precioso regalo.