Cómo construir unidad en tu iglesia

Anteriormente escribí acerca del gran deseo de Satanás, que consiste en causar desunión en tu iglesia local, convenciéndote de alguna forma de que las personas de tu iglesia ya no son dignas de tu amor. Concluí dando ánimo por el hecho de que Dios nos ha capacitado para edificar y mantener este tipo de unidad y que lo único que necesitamos es usar las herramientas que él nos ha entregado. ¿De qué manera nos ha capacitado? Según Efesios 4, a cada uno nos ha dado un don espiritual que debe ser usado para construir unidad mediante el servicio mutuo.

Become a Patron

Esta área de dotación espiritual es notoriamente cristocéntrica, y en su exposición Pablo plantea tres grandes puntos:

Primero, Cristo es el dador de los dones. Pablo se remonta al Salmo 68 y muestra que este salmo habla del Jesús resucitado repartiendo dones a las personas que él ama. No son regalos envueltos en papel que podemos abrir y exhibir, sino dones en forma de habilidades que poseemos. Cristo no arroja estos dones a los cristianos en forma aleatoria, sino que de manera concienzuda y deliberada concede un don a cada persona como a él le parezca adecuado. Cristo tiene un plan cuando reparte estos dones. Él es quien determina quién recibirá cada don y cuánto de ese don recibirá cada persona y cada comunidad de cristianos.

Segundo, Cristo concede dones diversos. Si miramos a lo largo del Nuevo Testamento, encontraremos varias listas de estos dones y cuando los juntamos encontramos que son al menos veinte. Sin duda hay muchos más que los que se enumeran. Lo que vemos es que Cristo reparte diversos dones. En esta carta, Pablo da una lista parcial y una que se enfoca específicamente en la enseñanza. Algunas personas reciben dones de enseñanza y aquí él cita a apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. La labor de estos maestros no es hacer todo el ministerio ni usar todos los dones, sino pastorear, enseñar y capacitar a cada cristiano para que use su propio don. Estos maestros deben capacitar a los santos para la obra del ministerio. ¿Por qué? Para que cada uno pueda luego usar su don de una forma más plena e integral.

Tercero, los dones de Cristo son dados para traer unidad mediante el servicio. Pablo hace aquí una sorprendente afirmación. Dice que yo no soy el ministro de mi iglesia; tampoco los demás pastores. ¿Quiénes son los ministros? ¡Todos lo son! Los pastores son los que pastorean, los capacitadores, los líderes, pero todos son ministros. Debemos realizar esta labor juntos.

Esto tiene profundas implicaciones. Esto trae a la discusión un pasaje como Tito 2, el cual instruye a las mujeres mayores a que discipulen a las mujeres menores, a hacer esa labor de ministerio. Tus pastores simplemente no pueden discipular a las mujeres más jóvenes para que amen a sus esposos y sus hijos tan bien como pueden hacerlo las mujeres mayores. ¡Así que necesitamos que las mujeres mayores hagan esa labor ministerial! Ahora vemos que la labor de visitar a los enfermos o el cuidado de los necesitados es tarea de cada uno de nosotros. Todos debemos ministrarnos unos a otros.

Esto nos lleva a una importante aplicación: necesitas plantarte a ti mismo en una iglesia local. ¿Por qué? Porque necesitas los dones de los cristianos que hay allí y ellos necesitan tus dones. Hay una iglesia que está incompleta sin ti y tú estás incompleto sin esa iglesia. Tú no tienes todo lo que necesitas, todo lo necesario para tu crecimiento en santidad.

Cada uno de nosotros necesita aprender de qué manera nos ha dotado el Señor, y cada uno necesita usar nuestros dones para ministrarnos unos a otros. ¿Cómo sabemos cuáles son nuestros dones? ¡Sirviendo! Simplemente hacemos el trabajo del ministerio, ya sea instalando y limpiando, o visitando personas en el hospital, o preparando comidas, o haciendo discipulado personal, y permitimos que el Señor revele nuestras fortalezas y abra oportunidades. En tu iglesia puedes descubrir que tienes maestros y evangelistas, personas que alientan, disciernen y sirven y muchos otros. Y eso es perfecto porque estoy seguro de que luego también tienes personas que necesitan ser servidas, personas a las que les falta discernimiento, o personas desesperadas por aliento, o personas que necesitan responder al evangelio. El Señor lo ha hecho así de modo que cada uno de nosotros tenga un don diseñado para servir a las personas que nos rodean.