Cómo orar todo el día

«Oren sin cesar», dice Pablo. Palabras simples, pero un desafío aparentemente imposible. ¿Cómo se puede esperar que uno ore todo el tiempo? En el capítulo 54 de su obra A Puritan Theology, Joel Beeke y Mark Jones exploran en profundidad el gran libro de Matthew Henry A Method for Prayer para extraer lo que él dice sobre la importancia de orar a través de todas las circunstancias de la vida. Resulta que no tiene nada tan extraordinario. Lo que sigue, en partes es una transcripción y en partes está adaptado de A Puritan Theology.

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Comienza cada día con Dios

Henry escribe: «Es nuestra sabiduría y deber comenzar cada día con Dios». Siempre hay algo que contarle a Dios. Él es un amigo cercano, así que es un placer conocerlo personalmente y caminar con él íntimamente. Él también es Señor sobre ti y sobre todo lo que concierne a tu vida. ¿Acaso un sirviente no le hablará a su amo? ¿Un dependiente no le hablará a su proveedor? ¿El que está en peligro no conversará con su defensor?

Que ningún obstáculo te estorbe para venir a Dios. Aunque Dios está en el cielo, él escuchará tu clamor desde lo profundo. Aunque Dios es temible, él concede a los creyentes el Espíritu de adopción para que tengan libertad con él. Sí, Dios ya sabe lo que necesitas, pero él requiere tus oraciones para su gloria y para prepararte para recibir misericordia. Aunque estés ocupado con muchos quehaceres, solo una cosa es necesaria: caminar con Dios en paz y amor. Así que, por ese motivo, debes comenzar cada día con Dios.

¿Por qué deberías dedicar las horas de la mañana a Dios? Porque Dios merece lo mejor de ti y no solo las sobras del día cuando estás cansado y agotado. Para muchos o la mayoría de nosotros, las mejores horas son las de temprano en la mañana. No solo eso, sino que, como escribió Henry, «en la mañana estamos más libres de compañía y de quehaceres, así que deberíamos ofrecerle nueva gratitud y nuevas meditaciones en su belleza. En la mañana, al prepararnos para el trabajo del día, encomendemos todo a Dios». Comienza cada día con él, y dale la mejor parte de tu día.

Pasa cada día con Dios

Necesitas comenzar el día con Dios, pero también necesitas pasar el día con Dios. En su comentario del Salmo 25:5 («en ti pongo mi esperanza todo el día»), Henry explica que esto implica una paciente expectativa de que Dios venga a su tiempo, e implica una constante atención al Señor en los deberes de la adoración personal.

La constante atención a Dios del cristiano a lo largo del día se refleja en la frase «esperar en el Señor». Henry dijo: «Esperar en Dios es vivir una vida de deseo hacia él, deleitarse en él, depender de él, y dedicarse a él». La constante dependencia es la actitud de un niño hacia su padre en quien confía y en quien echa todas sus preocupaciones. Esta espera en el Señor es algo que puedes hacer cada día, no solo los días que te reúnes para la adoración pública. Lo haces en la adoración privada, la adoración familiar, y en la adoración congregacional.

Adondequiera que vayas o lo que sea que hagas cada día, busca abundantes motivos para orar y alabar. Como escribió Santiago, si estás triste, ora a Dios; si estás feliz, canta alabanzas a Dios (Santiago 5:13). Eso abarca toda la vida.

Concluye cada día con Dios

Tal como comienzas tus días con Dios y pasas tus días con Dios, también deberías concluir tus días con Dios. Henry insiste en que puedes finalizar cada día con contentamiento solo porque tienes al Señor como nuestro Dios. «Que esto calme cada tormenta, ordene y cree una quietud en tu alma. Si tenemos a Dios como nuestro Dios en un pacto, tenemos suficiente; lo tenemos todo. Y aunque el alma benigna aún desea más de Dios, nunca desea más que Dios; en él reposa con perfecta complacencia; en él está en su hogar, halla descanso».

Cuando te acuestas a descansar en la noche, Henry te aconseja que lo hagas con gratitud a Dios. Deberías repasar brevemente sus misericordias y liberación al final de cada día. «Cada bocado que comemos, y cada gota que bebemos, es misericordia; cada paso que damos y cada respiración es misericordia». Deberías estar agradecido por la noche como la provisión de Dios para tu descanso, por un lugar donde apoyar tu cabeza, y por la salud corporal y la paz mental que te permiten dormir. Puedes acostarte y dormir en paz, descansando tu alma en la intercesión de Cristo para concederte paz con Dios, y perdonando a tus semejantes todas sus ofensas contra ti para que tu corazón pueda estar en paz con Dios y los hombres.

Comienza el día con Dios. Pasa el día con Dios. Concluye el día con Dios. «Esta vida de comunión con Dios, y constante atención a él, es un cielo en la tierra». Efectivamente.