Cómo ser rico

Mi familia vive en la sección más pobre de una de las ciudades más ricas de Canadá. El trabajo nos trajo aquí hace 18 años, y compramos la única casa que podíamos pagar, una residencia de cuarenta años y noventa metros cuadrados rodeada de casas mucho más nuevas que cuestan cinco, seis o siete veces más que la nuestra. En un corto recorrido de cinco minutos en vehículo pasamos frente a condominios donde cada casa cuesta sobre los diez millones de dólares. En una ciudad como esta, tenemos muchas oportunidades de ver una gran riqueza y toda la ostentación que puede venir con ella. En una ciudad como esta, a menudo escuchamos a personas jactarse de sus riquezas, de todo lo que tienen, de todo lo que gastan.

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En nuestra ciudad somos pobres. Como dijo mi hija luego de visitar a una amiga: «Anduvimos en bicicleta en su sótano. ¡Su sótano es más grande que nuestra casa!». Pero en una comparación más amplia, somos ricos. Según la medición de alguien, todos somos ricos. En comparación con alguien más, incluso tú y yo poseemos una extravagante riqueza. Después de todo, la pobreza y la riqueza son términos relativos, y por el simple hecho de que estás leyendo estas palabras en un aparato electrónico, tienes más riqueza que otro. Y por ese motivo, tú y yo necesitamos aprender a llevar el estilo de vida del rico y piadoso.

Escucha lo que dice Philip Ryken al examinar algunos versos del libro de 1 Timoteo:

En la providencia de Dios, algunos cristianos viven en circunstancias cómodas. Poseen una casa propia. Usan ropa bonita. Tienen más que suficiente comida. Y los cristianos que son bendecidos con tal prosperidad material no tienen que sentirse culpables por ello; ni tienen que deshacerse de su riqueza. Incluso se les permite pasarlo bien. Porque todo lo que poseemos proviene de Dios mismo, «que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos» (1 Timoteo 6:17). Dios no es tacaño. Él provee para el rico y el pobre por igual, y todo lo que provee es para que lo disfrutemos… La Biblia celebra las cosas buenas de la vida.

Es cierto, la Biblia celebra las cosas buenas de la vida, pero también nos advierte que pueden ser engañosas, que pueden impedirnos celebrar las cosas mejores de la vida. Nos complacemos con demasiada facilidad. Como cristianos adinerados, tú y yo necesitamos aprender a vivir bien con nuestra riqueza. 1 Timoteo bosqueja varias formas de hacerlo, y recientemente fui impactado por algunas de ellas.

Primero, el que es rico y piadoso reconoce la tentación de poner nuestra esperanza en nuestra riqueza. Las riquezas se involucran con nuestro corazón pecaminoso con la promesa de provisión, la promesa de que nuestro pan diario no viene de la mano de Dios, sino de un sueldo, una cuenta bancaria, un plan de jubilación. Necesitamos recordarnos constantemente que estas riquezas son inciertas, que la riqueza de toda una vida puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos, el crujido de los neumáticos del auto sobre pavimento mojado, la caída del mercado. La riqueza es buena pero no es confiable. Necesitamos un mejor sitio donde poner nuestra esperanza.

Segundo, el rico y piadoso es conocido, no por su abundancia de dinero, sino por su abundancia de buenas obras. Pablo les dice a los ricos que «hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen». El testimonio constante de la Biblia es que todos debemos hacernos el bien unos a otros, buscando constantemente oportunidades de glorificar a Dios cuidando de los demás. Esto es igualmente cierto para ricos y pobres. Sin importar quiénes somos ni lo que tenemos, debemos comprometernos día a día a hacer buenas obras; obras hechas por el bien de los demás y para la gloria de Dios. Los ricos pueden considerarse demasiado buenos, demasiado bendecidos para ensuciarse las manos cuidando de los demás. Pero no; ricos y pobres por igual deben buscar oportunidades de ser ministros de misericordia en terreno para los demás.

Tercero, el rico y piadoso pone su riqueza a trabajar en esta gran tarea de hacer el bien a los demás. Aquellos que han sido bendecidos con medios financieros tiene el privilegio y la responsabilidad adicionales de hacer el bien a los demás mediante su riqueza. Ryken dice: «Algunas obras de compasión también requieren dinero. En consecuencia, otra forma en que los cristianos acaudalados pueden glorificar a Dios es mediante el sabio uso de su dinero. Dios llama a todos sus hijos a ser “generosos, dispuestos a compartir” (1Ti 6:18), a adoptar un estilo de vida de donación. En lugar de considerar la piedad como un medio para obtener ganancias, él quiere que usen su ganancia como un medio de piedad. La administración de la riqueza personal es un importante aspecto del llamado de un cristiano rico». No debemos ser conocidos por nuestra riqueza extravagante, sino nuestros actos extravagantes: actos realizados por el bien de los demás y para la gloria de Dios.

La simple realidad es que, según cierta medición, tú y yo somos ricos. Tenemos que admitirlo, aceptarlo, y buscar la orientación de Dios para vivir en tal condición.