Somos más honestos con nuestros teléfonos que con nuestros pastores

Un reciente artículo del New York Times dice —acertadamente, estoy seguro— que somos más honestos con nuestros teléfonos que con nuestros doctores. Jenna Wortham, quien escribe desde la convergencia de la medicina y la tecnología, explica que «en los últimos años, la tecnología móvil me ha concedido a mí y a muchísimos otros la capacidad de recopilar una cantidad de información sin precedentes acerca de nuestros hábitos y bienestar. Nuestros teléfonos no solo nos mantienen en contacto con el mundo; también son diarios personales, confesionarios, depositarios de nuestros secretos más profundos. Por esta razón, los investigadores están aprovechando la oportunidad de trabajar con los mares de información que estamos generando, con la esperanza de que en ellos pudieran estar las respuestas a las preguntas que la medicina ha pasado por alto o ha ignorado».

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Los investigadores médicos están especialmente interesados en estos mares de información porque, como grita el encabezado, somos más honestos con nuestros teléfonos que con cualquier doctor. Nuestros teléfonos están repletos de sensores, memoria y aplicaciones, y continuamente están asimilando flujos de datos, convirtiéndolos en información personal. Nuestros teléfonos rastrean nuestra ubicación y nuestros movimientos. Rastrean nuestras palabras y búsquedas. Conocen nuestros secretos médicos más vergonzosos. Han sugerido respuestas a nuestras preguntas más incómodas acerca de nuestra salud, nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra sexualidad. Saben cosas de nosotros que nadie más sabe. Recuerdan cosas acerca de nosotros que hemos olvidado hace mucho tiempo. Cuentan una verdad acerca de nosotros que nunca le revelaríamos a otros ser humano.

En lo que respecta a nuestra salud física, somos más honestos con nuestros teléfonos que con nuestros doctores. Pero esta transparencia va más allá de la medicina. Se extiende a nuestra alma. En lo que respecta a nuestra salud espiritual, somos más honestos con nuestros teléfonos que con nuestros pastores. Nuestros teléfonos saben todo sobre nuestra ignorancia, acerca de las cosas que deberíamos conocer pero no las conocemos. Nuestros teléfonos conocen nuestras andanzas y nuestros cuestionamientos, las preguntas que hemos hecho y los lugares donde hemos buscado respuestas. Saben dónde y cómo estamos luchando, y dónde y cómo estamos tratando de hallar solaz. Conocen nuestros tropiezos o incluso nuestra herejía mucho antes que el pastor.

Estoy seguro de que en parte esto ocurre porque nuestro teléfono siempre está disponible. Podemos hacer nuestras preguntas en la mañana, al medio día o en la noche. Nunca se toman un día libre y nunca están demasiado ocupados para prestarnos atención. Pero no es solo eso. Nuestros teléfonos son seguros, guardan nuestros secretos, nunca se burlan de nuestra ignorancia. Simple y obedientemente indagan en internet en nuestro lugar y devuelven respuestas, sugieren soluciones. ¿Quién es Jesús? Nuestro teléfono tiene una respuesta. ¿Qué dice la Biblia acerca de la homosexualidad? El teléfono tiene una respuesta. ¿Cuál es la mejor traducción bíblica? ¿Tengo libre albedrío? ¿Hay una diferencia entre el cristianismo y el mormonismo? ¿Existe el infierno? ¿Por qué y cómo debo orar? Nuestros teléfonos tienen respuestas para todo eso. Nuestros teléfonos incluso saben si nos hemos estado levantando temprano para hacer nuestro devocional y si hemos estado leyendo la Biblia.

Somos más honestos con nuestros teléfonos que con nuestros pastores y esto me lleva a dos aplicaciones, dos sugerencias que son casi contradictorias, pero creo que de hecho son complementarias de una manera realista.

Primero, entrénate a ti mismo y a los demás para hablar con los pastores acerca de tus males espirituales. He intentado hacer esto con mis propios hijos, enseñarles que tal como uno va al doctor cuando el cuerpo está enfermo, así también uno acude a un pastor cuando el alma está enferma. Si uno tiene preguntas médicas le pregunta a un doctor, y si tiene preguntas espirituales le pregunta a un pastor. WebMD es un gran recurso, pero está lejos de ser suficiente para diagnosticar adecuadamente una condición grave, y sin duda no es suficiente para tratar una adecuadamente. Lo mismo ocurre aun con los mejores recursos cristianos.

Segundo, aquí hay un desafío para que los cristianos reconozcan que, sin importar lo que hagamos, la gente seguirá confiándoles sus preguntas e inquietudes a sus teléfonos, y eso nos da la responsabilidad de crear respuestas sabias y convincentes mediante aplicaciones, libros y páginas web, a través de cualquier clase de medio. Si bien en última instancia queremos que la gente confíe más en su iglesia local que en blogs, artículos o «preguntas frecuentes», tenemos extraordinarias oportunidades para entregar respuestas que los atraigan a Dios a través de su Palabra y a través de su iglesia. Es por esta razón que aprecio y honro sitios como Got Questions, Desiring God (especialmente «Ask Pastor John»), Coalición por el Evangelio, Stand to Reason, y muchos otros ministerios que intentan acompañar a la iglesia y sus pastores proporcionando buenas respuestas a preguntas honestas.