Cuatro buenas razones para leer buenos libros

Esta semana di una conferencia a un grupo de hombres aquí en Nashville, Tennessee. El pastor me pidió que les hablara a estos hombres de lectura, y específicamente por qué los hombres cristianos necesitan ser lectores. Si bien lo que preparé iba dirigido específicamente a hombres, es aplicable tanto a hombres como mujeres. Estas son cuatro buenas razones para leer buenos libros: conocer, crecer, liderar, y amar.

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Leer para conocer

La mejor razón para leer libros es conocer a Dios. Por supuesto, creemos que cada uno de nosotros puede encontrar a Dios, y lo hará, en su Palabra, pero esto no significa que él se revele a cada uno en igual medida. Podemos y deberíamos beneficiarnos de lo que otros han aprendido, y eso lo hacemos a través de los libros. Los libros son una parte importante de nuestra tarea de por vida de llegar a conocer a la persona y las obras de Dios.

Muchas personas se sienten intimidadas por la lectura de obras teológicas. Sin embargo, nos beneficiamos bastante con libros de nivel básico e intermedio. No importa quién seas, hay un libro escrito para tu nivel. Uno de los problemas de dejarnos intimidar por los libros difíciles, libros que nos superan un poquito, es que podemos comenzar a creer que ya hemos comprendido bastante a Dios. Pero el asunto es que uno puede captar y encajonar al Dios de Joel Osteen, pero luego uno lee a Juan Calvino o Jonathan Edwards y queda totalmente humillado por lo poco que sabe de este Dios.

Si no lees, te niegas una gran forma de aprender quién es Dios y cómo actúa en este mundo. No hay estudio más satisfactorio y más ampliador que este.

Leer para crecer

La lectura es un medio por el cual iniciamos y mantenemos el crecimiento personal. Leemos para conocer a Dios y leemos para crecer en nuestra capacidad de honrarlo en cada área de nuestras vidas. Hay tres tipos de crecimiento que quiero señalarte: crecimiento en áreas de debilidad, en áreas de fortaleza, y en áreas de responsabilidad.

Identifica áreas de debilidad y lee libros que te fortalezcan en ello. Puede ser una debilidad de conocimiento, debilidad del carácter, o debilidad de comprensión. Si tienes una visión de Dios demasiado disminuida, lee La santidad de Dios de R. C. Sproul. Si estás luchando con la paternidad, lee Gospel-Powered Parenting de William Farley. Si luchas con la toma de decisiones, lee Decisions, Decisions de Dave Swavely. Si no sabes dónde estás débil, lee un libro sobre humildad. Cualquiera que sea tu debilidad, casi definitivamente hay un libro que la aborda específica y adecuadamente.

Identifica áreas de fortaleza y lee para crecer aún más. Aquí es donde te impulsas a crecer más allá de los principios básicos y pasas a las obras avanzadas. Si estás cómodo con Gospel-Powered Parenting y todos sus principios, entonces avanza a God, Marriage, and Family de Andreas Kostenberger. Pasa a libros sobre la paternidad de Dios o libros sobre la Trinidad que te permitan estudiar la relación entre el Padre y el Hijo. Si estás cómodo con Decisions, Decisions, o con Just Do Something de Kevin DeYoung, avanza a Tus decisiones y la voluntad de Dios de Garry Friesen, que es unas cinco veces más largo.

Identifica áreas de responsabilidad y lee libros que te fortalezcan en ello. Dondequiera que estén tus responsabilidades, busca libros que te permitan cumplir con ellas con mayor habilidad y mayor comprensión de los principios bíblicos. Los pastores tienen que incluir los libros sobre predicación y ministerio pastoral como una parte regular de su dieta de lectura. Los padres deben leer libros sobre crianza, los jefes o propietarios deben leer libros sobre liderazgo, y así sucesivamente. Si eres quien administra las finanzas de tu familia, lee ocasionalmente un libro que provea una perspectiva bíblica sobre el dinero (quizá Managing God’s Money de Randy Alcorn). Si eres miembro de una iglesia, lee Miembro saludable de la iglesia, ¿qué significa? de Thabiti Anyabwile.

Consejo: las biografías pueden ser muy útiles en cada una de estas áreas. Una biografía de un gran líder te permitirá ser un mejor líder; una biografía de un gran líder que fue un padre terrible te enseñará a evitar tener éxito en un área y fallar en otra.

Hay muchas formas en que el Señor nos moldea y nos hace crecer. No es mi intención quitarles valor a los sermones, el estudio personal de la Biblia e incluso las circunstancias. Con todo, los libros son un medio muy significativo de la gracia del Señor para nosotros.

Leer para liderar

Cada hombre está llamado a liderar en alguna área de la vida, ya se trate del liderazgo en el hogar, en el trabajo, en la iglesia u otro lugar. Los buenos líderes son buenos lectores. Desde luego, existe mucha evidencia anecdótica para demostrar que los grandes hombres de la historia eran lectores —nómbrame un gran hombre cuya mente haya sido moldeada por la televisión y te nombraré a mil que fueron moldeados por los libros—, pero necesitamos más que evidencia anecdótica. La ayuda vino de Albert Mohler y un capítulo de Un líder de convicciones titulado «Los líderes son lectores».

Es evidente que para ser un buen líder, se necesita liderar de una forma distintivamente cristiana. Mohler propone lo que él llama «inteligencia de convicción», que define como «el producto de aprender la fe cristiana, profundizar en la verdad bíblica, y descubrir cómo pensar como cristiano». En otras palabras, los mejores líderes cristianos aprenden la verdad, la aplican, piensan como alguien que ha sido formado por ella, y lideran como tal. El hecho inevitable es que tus convicciones determinan hacia dónde lideras y cómo lideras. No vas a liderar en contra de tus convicciones y no vas a liderar mejor que tus convicciones. Por lo tanto, necesitas definir, desarrollar y afinar continuamente esas convicciones. Mohler dice: «Cuando encuentras un líder, has hallado un lector. La razón de esto es simple: la lectura efectiva no tiene sustituto cuando se trata de desarrollar y mantener la inteligencia necesaria para liderar».

Así que la pregunta para cada hombre es esta: ¿dónde eres líder? Esto luego dirigirá tu lectura. Puede ser muy específico: yo lidero a mi esposa como su esposo y puedo ser un mejor líder leyendo El significado del matrimonio de Tim Keller. Puede ser algo menos específico; yo lidero a mi esposa como su esposo así que necesito seguir creciendo en carácter y en santidad, por lo tanto, leeré En pos de la santidad, de Jerry Bridges.

Como líder, les debes a aquellos que lideras el seguir creciendo como líder. Los hombres son líderes y los líderes son lectores. ¡Así que lee!

Lee para amar

Aunque tendemos a considerar la lectura como una actividad personal, también puede ser un medio para amar a otros. Estas son tres formas de amar a otros siendo un lector.

Leer para entender. Ya he dicho que deberíamos leer con el fin de conocer más al Señor, para crecer en desarrollo personal, y ser un mejor líder. Este tipo de lectura no te beneficia a ti solo, sino también a los que te rodean. Aprendes a amar más a tu esposa leyendo Cuando pecadores dicen «acepto» de Dave Harvey. Aprendes a amar a tu iglesia cuando lees Love Or Die de Alexander Strauch. Aprendes a amar más a tus hijos cuando lees Cómo pastorear el corazón de tu hijo de Tedd Tripp. Todo eso es importante, pero hay un segundo tipo de comprensión al que quiero dirigirte: entender a las demás personas. Si eres esposo, lee Desperate, un libro sobre maternidad, para entender las responsabilidades y desafíos de tu esposa. Esto te ayudará a amarla aún más. Si eres miembro de la iglesia, lee un libro sobre pastoreo para entender mejor a tu pastor.

Leer para recomendar. Puedes amar a otros recomendando libros que les ayuden en sus circunstancias. Esto puede incluir leer libros que se apliquen mejor a otros que a ti mismo. Un pastor casado tal vez quiera leer sobre soltería para poder recomendar los mejores a las personas solteras de su iglesia (y un pastor soltero tal vez quiera leer libros sobre matrimonio). La lectura amplia te permite ayudar a las personas de formas muy precisas.

Leer para discipular. Aun mejor que leer libros para las personas es leer libros con las personas. Cunado uno lee libros con los demás, puede dejar que el autor sea el «Pablo» y tú y aquellos con quienes lees pueden ser los «Timoteos». Actualmente estoy leyendo La disciplina de la gracia de Jerry Bridges con 35 adultos jóvenes, y estoy leyendo Gálatas para ti de Tim Keller con mi esposa. En ambos casos yo inicié estas lecturas porque sabía que los demás se beneficiarían con ello (aunque, obviamente, yo también me beneficio). Esto lo aprendí de hombres que se dieron el tiempo para leer buenos libros conmigo.

Conclusión

Para algunas personas, la lectura es un gran placer natural. Estas personas leerían aun si no se sintieran impulsadas a conocer, crecer, liderar o amar. Pero para otros, la lectura no es un placer en absoluto. ¿Podría sugerir que estas personas harían bien en aprender esta actividad como un placer? ¡Los placeres se pueden aprender! Hubo un tiempo en que yo odiaba el café, pero la gente siempre me decía que aprendiera a disfrutarlo como un placer. Aprendí a beberlo y ahora me causa un gran placer. De la misma forma, la mayoría de los esposos pueden atestiguar que han desarrollado intereses comunes que en un momento no eran un interés natural.

La lectura es un placer que vale la pena aprender a amarlo y practicarlo, aun si al principio requiere cierto esfuerzo. Sin embargo, ya sea un placer o un dolor, comprométete a leer para conocer, para crecer, para liderar y para amar.