Cuidado con tus imperativos de Navidad

Se acerca la Navidad y con ella una época especial para los cristianos. O la mayoría de los cristianos, en todo caso. A medida que entramos en la época y mucha gente comienza sus reflexiones sobre el nacimiento de Jesucristo, probablemente sea un buen momento para considerar nuestros imperativos de Navidad. ¿Qué se manda a los cristianos a hacer en la época de Navidad?

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La Encarnación es nada menos que un milagro. Como cristianos, creemos que Dios asumió la carne. Jesucristo, quien era y es y siempre será Dios, se hizo hombre. El Dios infinito y eterno, en palabras de John Wesley, fue «confinado a un lapso» e «incomprensiblemente hecho hombre». Un antiguo teólogo se maravillaba: «Permaneciendo lo que era, llegó a ser lo que no era». Llegó a ser lo que no era para poder salvar al pueblo que amaba. Sin la encarnación no podría haber salvación. No sorprende, entonces, que el pueblo de Dios la celebre en este día y durante la época que llamamos Navidad.

Pero al pueblo de Dios no se le ordena que celebre Navidad. De hecho, al pueblo de Dios no se le ordena que celebre ningún feriado o día santo. Sin duda tenemos la libertad para hacerlo, pero también para no hacerlo. «Hay quien considera que un día tiene más importancia que otro, pero hay quien considera iguales todos los días», dice Pablo. «Cada uno debe estar firme en sus propias opiniones» (Romanos 14:5). A través de la historia de la iglesia, los cristianos han estado en ambos bandos. Cristianos maduros han tratado la Navidad como un feriado cristiano; otros cristianos maduros la han tratado como cualquier otro día. La clave está en que ambos han estado plenamente convencidos delante del Señor.

A pesar de esto, por mucho tiempo he observado que en esta época se escuchan muchos imperativos: «Se debería» y «no se debería»; «se debe» y «no se debe». Especialmente se escuchan muchas órdenes sobre cómo aprovechar al máximo la época, y esto inevitablemente implica enfocarse en el 25 de diciembre como un día de especial significado religioso. Escuchamos a mucha gente que insinúa que tratar la Navidad como un día santo es una señal de madurez espiritual mientras que tratarla como cualquier día es señal de apatía espiritual o incluso desobediencia. Escuchamos sutiles críticas (y a veces no tan sutiles) a aquellos que no celebran la Navidad, o prefieren marcarlo como un día familiar antes que religioso. El mensaje es claro: los buenos cristianos celebran la Navidad. Los mejores cristianos celebran la Navidad al máximo.

No obstante, la Biblia es clara respecto a que no estamos obligados a celebrar la Navidad ni ningún otro feriado. No hay imperativos bíblicos que nos manden a recordar especialmente el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre. Más bien, la Biblia manda una postura de todo el año de recordar la venida de Jesús y anhelar su regreso (1 Corintios 5:8; 1 Pedro 1:13). El problema no es que celebremos; el problema es que juzgamos a los cristianos que no celebran de una forma particular o un día específico (Colosenses 2:16).

De hecho, el camino seguro para arruinar la Navidad es convertirla en un feriado obligatorio o una señal de madurez cristiana. Celebrarla porque creemos que debemos hacerlo o que amerita algún tipo de favor de Dios es reemplazar el evangelio con la ley y la libertad con la cautividad. Celebramos la Navidad de la mejor forma cuando lo hacemos, no porque tengamos que hacerlo, sino porque lo decidimos libremente. Esta libertad, después de todo, es lo que Jesús nos dio con su venida. Cuando reconocemos que no hay un mandato especial que obedecer ni gracia que ganar, entonces podemos celebrar con la verdadera libertad evangélica.