De qué manera la iglesia se somete a Cristo

Estoy seguro de que todos hemos leído y pensado acerca del mandamiento de Dios a las esposas cristianas: «Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor» (Efesios 5:22). Pareciera que en el ordenamiento que Dios ha dispuesto para un hogar cristiano, Dios pretende que el esposo y la esposa acepten roles distintos pero complementarios, y para que la esposa haga esto, necesita enfocarse en la manera en que ella y su esposo y toda la iglesia de Cristo se someten a su Salvador. Debe haber cierto estudio y cierta imitación. Un día estuve considerando este asunto, así que, en la medida de lo posible, saqué de mi mente a esposos y esposas y simplemente me pregunté: ¿de qué manera la iglesia se somete a Jesucristo? Esto fue lo que encontré.

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La iglesia se somete en obediencia

En primer lugar, la iglesia se somete de manera obediente, o por obediencia. Jesucristo es rey sobre todo el mundo y todos los que están en él. Jesús declaró esto a sus discípulos cuando dijo: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra». Esas son palabras de un rey. Jesús reina y gobierna sobre todo lo que hay, un asunto que vemos en creciente claridad a medida que la Escritura va concluyendo. En Apocalipsis 1:5 escuchamos de «Jesucristo,  el testigo fiel,  el primogénito de la resurrección,  el soberano de los reyes de la tierra». Jesús es rey sobre cualquier otro rey. Luego, en Apocalipsis 19:16 leemos esta fascinante descripción de él: «En su manto y sobre el muslo lleva escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores». Jesucristo es el rey del universo y la obediencia exige que nos sometamos a su gobierno. Para ser obedientes a Dios debemos someternos a Jesucristo.

 

La iglesia se somete voluntariamente

Segundo, la iglesia se somete voluntariamente. Hay una faceta de la sumisión que se suele pasar por alto: la sumisión no puede ser obligada, sino que debe ser voluntaria. Eso es porque sumisión no es lo mismo que coerción. La coerción es un acto que realiza aquel que tiene autoridad, mientras que la sumisión es un acto que realiza el que está bajo autoridad.

La coerción es el acto de un gobernante en que obliga la obediencia. Él usa el temor o la fuerza para romper la voluntad de las personas de modo que estas al final se rinden a él. Se entregan y alzan la bandera blanca. Han sido conquistados. La sumisión es el acto de alguien que reconoce la legítima autoridad y toma el lugar que le corresponde. La sumisión es voluntaria. Responde al orden divino de las cosas primero en el corazón y luego en la vida. La iglesia no es vasalla de Jesucristo; no hemos sido conquistados despiadadamente por él. No, la iglesia ha sido ganada por Jesucristo, así que nos sometemos a él voluntariamente. Reconocemos su derecho a gobernar, reconocemos su extraordinario amor, respondemos a su Espíritu, y tomamos el lugar que nos corresponde.

 

La iglesia se somete con confianza

Tercero, la iglesia se somete con confianza. Cuando nos volvemos cristianos, entramos en una relación con Jesús. Otras personas pueden saber acerca de Jesús, pueden conocer algunos datos acerca de él, pero como cristianos conocemos a Jesús. No nos estamos sometiendo a alguna entidad abstracta o una deidad lejana, sino a alguien que está aquí con nosotros, morando con nosotros por su Espíritu. Y conocer a Jesús es tener confianza en Jesús. Pronto aprendemos que las bendiciones de Dios fluyen hacia nosotros a través de Jesús. Aprendemos que nuestras vidas están en paz en tanto que vivimos conforme a sus caminos. Aprendemos que hay un gran beneficio al responder a su liderazgo con alegría y amor. Aprendemos que él nunca nos va a desviar del camino, que siempre actúa solo por amor, que es benigno, amoroso y paciente con nosotros. Así que nuestra sumisión a él es confiada, no aprensiva. Es segura, no recelosa. Lo conocemos y confiamos en él, y con gozo y confianza nos sometemos a su liderazgo.

 

La iglesia se somete activamente

Cuarto, la iglesia se somete activamente. Dios nos ha hecho a cada uno de nosotros un individuo único creado por sus manos. Somos únicos en nuestra personalidad, nuestros talentos, dones, pasiones y experiencias. Y cuando nos sometemos a Jesucristo, sometemos todo eso a él. Confiamos en que él obrará, no a pesar de estas cosas, sino a través de ellas. Él no va a quitarlas para hacernos totalmente iguales a cualquier otro cristiano. La santificación no consiste en convertirse en algún ser genérico y no es convertirse en otro: consiste en convertirse en la más verdadera, la mejor y más santa versión de nosotros mismos. Nuestra sumisión se trata de preguntarse cómo nos ha hecho Dios y luego usar activamente todas esas cosas en su servicio. Nuestra sumisión se trata de entregarle todo lo que poseemos y todo lo que somos y decir: «Someto esto a tus propósitos. Por favor, úsalo».

 

La iglesia se somete completamente

Finalmente, la iglesia se somete completamente. Nos sometemos a él por entero. Nuestra sumisión a Cristo es de todo corazón. Como cristianos, no tenemos la opción de someternos solo en parte. Podríamos pensar en la parábola de los talentos. Los siervos que fueron recompensados fueron los que invirtieron cada talento que se les había dado, y que los invirtieron íntegramente. ¿Cómo llamamos a una sumisión a Jesucristo insincera o a medias? ¡Lo llamamos pecado! Cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo, elegimos someternos a él por completo. Elegimos dedicar nuestra vida entera a conocer a qué nos llama y luego a hacerlo. Tenemos un profundo anhelo de someternos a él en todo: conocer toda su voluntad para poder hacer toda su voluntad.

 

¡Imita la sumisión!

La iglesia de Cristo se somete a Cristo, y de esta forma proporciona un importante modelo para cada forma menor de sumisión. La iglesia se somete en obediencia, voluntariamente, con confianza, activa y completamente. Así también debemos hacer en cualquier relación en la que Dios nos llame a reconocer la autoridad y tomar el lugar que nos corresponde.