El camino de regreso

El año aún es joven, pero ya ha implicado mucho viaje; antes que acabara febrero ya había pasado tiempo en seis países distintos. Esto tiene mucha relación con mi proyecto de viaje EPIC, el cual, desde el 1 de enero me llevó a Australia, Irlanda, Nueva Zelanda, Irlanda del Norte, Estados Unidos, y mi propio Canadá. En muchos de estos países, y en muchos que están por venir, aterrizamos en un aeropuerto principal, tomamos un automóvil, y luego conducimos hacia lugares desconocidos. Resulta que gran parte de la historia del cristianismo ha acontecido lejos de los grandes gentíos y ciudades del mundo.

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A medida que hemos viajado por colinas y valles, una y otra vez ha venido a mi mente esta idea: para realmente conocer un camino, hay que recorrerlo en ambas direcciones. En Nueva Zelanda condujimos por la Ruta Estatal 1 desde Auckland a Bay of Islands. Varias veces tomamos una larga curva en la carretera y quedamos absortos ante la belleza que de pronto se abría ante nosotros. De tanto en tanto, nos estacionamos para tomar nuestras cámaras o lanzar el drone.

Un par de días después comenzamos el regreso al sur y una vez más seguimos la Ruta 1 durante gran parte del trayecto. Esta debía ser una ruta conocida, ¿verdad? Después de todo, estábamos recorriendo la misma ruta por la que habíamos transitado solo dos días antes. Pero se sentía diferente. Era diferente. Era diferente porque esta vez veíamos el camino desde la perspectiva contraria. Aquello que la primera vez quedaba detrás de nosotros ahora estaba claramente expuesta ante nosotros. Aunque era la misma ruta, era casi una ruta distinta. Hubo algunos puntos que reconocimos, pero muchos que no. Hubo algunos paisajes que resultaron conocidos, pero muchos más que eran nuevos. Pasamos por los mismos sitios y los mismos accidentes geográficos, pero desde una perspectiva totalmente distinta. Nuevamente entendimos: para realmente conocer un camino, hay que transitarlo en ambas direcciones.

Me gusta penar en el cielo y la eternidad, y creo firmemente que si uno no está suficientemente concentrado en el cielo no es de beneficio en la tierra. Estoy convencido de que parte del gozo y el asombro del cielo será recorrer de vuelta el camino de nuestra vida y el camino de la historia humana. Pero esta vez transitaremos el camino en la dirección contraria. En este momento vivimos hacia adelante, siempre adelante, y nunca podemos regresar ni siquiera un segundo. Nuestra memoria rápidamente se oscurece y se nubla, nuestra comprensión de lo que ha sucedido y por qué y cómo siempre es incompleta.

Pero sospecho que en el cielo Dios nos permitirá viajar de vuelta por el camino que anduvimos, tal vez viendo lo que aconteció o tal vez estudiando el registro histórico. Viajaremos de vuelta a través de la historia viendo cómo Dios se ha glorificado en los asuntos humanos, incluso en nuestros asuntos humanos. Transitaremos la ruta en dirección contraria, y al verlo todo desde esa perspectiva, adquiriremos una comprensión mucho más clara. Entonces, y solo entonces, captaremos el cuadro completo. Entonces, y solo entonces, entenderemos plenamente los propósitos de Dios. Porque para realmente conocer ese camino, tenemos que recorrerlo en ambas direcciones.