El libro más terrorífico que he leído

Hubo un tiempo en mi adolescencia —un tiempo breve, afortunadamente— cuando incursioné en los libros y películas de terror. En una experiencia que probablemente no es inusual en los adolescentes, desarrollé un extraño interés por lo macabro y me resultaba placentero sentirme aterrado. Esto me llevó a explorar algunas novelas y películas terroríficas antes de decidir que debía escuchar mi conciencia y dedicarme a actividades más loables. Ya no recuerdo mucho acerca de las historias, pero sí recuerdo muchas noches sin dormir mientras me quedaba despierto escuchando los ruidos de una casa en silencio, sobresaltado con cada crujido y chirrido. Había alimentado mi imaginación con material inútil y estaba cosechando las consecuencias.

Become a Patron

El otro día estaba pensando por qué a la gente le gusta que su entretenimiento la aterrorice. Realmente no lo entiendo. No comprendo por qué la gente paga importantes sumas para sentarse en el cine a ver personajes que son acosados, muertos y desmembrados. No entiendo el atractivo de otro payaso asesino. Pero mientras pensaba en esto, mi mente viajó a los relatos de terror que leí en el pasado y rápidamente concluí que lo más aterrador que he leído no es de Stephen King o Dean Koontz, sino de John Owen. Si bien las novelas de los primeros pudieron haberme mantenido despierto una o dos noches, los escritos de Owen me han hecho detenerme a reflexionar casi diariamente.

John Piper dijo una vez que no son los libros los que cambian a las personas, sino las sentencias. Esa ha sido ciertamente mi experiencia con John Owen. En todo lo que he leído de él, hay una oración que muy a menudo viene a mi mente, una sencilla afirmación: el pecado siempre aspira a lo máximo. Owen emplea el antropomorfismo para hacer del pecado algo vivo y activo, un ser con una mente maligna y un propósito artero. El pecado siempre tiene un objetivo, un propósito, y siempre es llevarte al grado más extremo posible de esa transgresión.

  • Cuando el pecado ofrece una oportunidad de disfrutar una mirada pasajera y lujuriosa, en realidad no es una invitación a quedarse mirando un cuerpo deseable, sino a destruir un matrimonio por completo a través del adulterio.
  • Cuando el pecado ofrece una oportunidad de dudar de la existencia de Dios, en realidad no es una invitación a considerar el asunto con una mente abierta, sino a negarlo de manera rotunda y desafiante.
  • Cuando el pecado ofrece una oportunidad de desear la propiedad de otra persona, en realidad no es una invitación a anhelar lo que otro posee, sino a cometer el mayor robo, el escándalo más atrevido.

Él lo dice de esta forma: «El pecado siempre aspira a lo máximo. Cada vez que surge para tentar o seducir, si pudiera seguir su propio curso, llegaría hasta el pecado más extremo de ese tipo. Cada pensamiento o mirada impura sería adulterio si pudiera; cada deseo codicioso sería opresión, cada pensamiento de incredulidad sería ateísmo, si pudiera crecer plenamente. Los hombres pueden pensar que al pecado quizá no se le escucha decir palabras escandalosas en el corazón; es decir, que no incita a un gran pecado profiriendo un escándalo. Sin embargo, cada surgimiento de la lujuria, si pudiera seguir su curso, llegaría hasta la máxima maldad: es como el sepulcro que nunca se satisface».

Esto es horror genuino, verdadero terror. Yo no me encuentro con payasos asesinos cada día y nunca he estado involucrado en un exorcismo demoníaco, pero sí enfrento una nueva ola de tentación cada día. Cada mañana un pequeño pecado se presenta en mi mente y pregunta si me gustaría incursionar en él. Cada tarde, un mero pecadillo se ofrece como un inofensivo relajo o distracción. Cada noche escucho un leve susurro para que solo tome un pequeño mordisquito de ese fruto prohibido. Estas pequeñas tentaciones parecen tan pequeñas y tan inofensivas. Pareciera que ofrecen algo deseable a un costo ínfimo. Pero gracias a Owen, yo sé la verdad. Ellas quieren hundirme. Quieren mi total destrucción.

Otro recuerdo de mis años de juventud: estoy en un retiro juvenil de invierno, y algunas chicas han decidido que bajarán la mitad de una colina cubierta de nieve sobre una cámara de neumático. Quieren el placer del deslizamiento, pero saben que en el fondo mismo hay una cerca de alambre de púas. Así que solo bajarán hasta la mitad. Pero pronto se dan cuenta de que una vez que la cámara comienza a deslizarse, es casi imposible detenerse. Y por descontado, yo y todos los demás observamos cómo se precipitan contra la despiadada cerca.

Súbete a la cámara y estarás en camino a quedar atrapado en la cerca, sin importar cuánto disfrutes del deslizamiento. Acepta la tentación y estarás en camino a la destrucción total, sin importar cuánta diversión encuentres en el trayecto. Porque el pecado siempre aspira a lo máximo.