Es hora de tu medicina

El evangelio encierra una especie de lógica. Según Sinclair Ferguson, siempre se atiene a una importante regla: los indicativos divinos (aseveraciones acerca de lo que Dios ha hecho, está haciendo o hará) preceden y fundamentan lógicamente los imperativos divinos (aseveraciones sobre lo que nosotros debemos hacer en respuesta). Cualquier acción que Dios requiere que realicemos se sustenta en sus propias acciones.

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Sencillo, ¿verdad? El problema es que nosotros tendemos a invertir este orden en una fórmula que dice: «Si yo hago esto, entonces Dios hará aquello», o: «Si yo hago mi parte, entonces Dios me responderá y hará su parte». Por supuesto, así es como muchos incrédulos piensan acerca de su salvación y, lamentablemente, como muchos creyentes piensan acerca de su santificación. Como dice Sinclair Ferguson: «Los cristianos al parecer suelen recaer en una mala gramática espiritual».

Cuando leemos las cartas de Pablo, descubrimos que él siempre estructura las cosas de esta forma: «Dios ha hecho esto por ustedes en Cristo, por lo tanto, deberían responder de las siguientes formas». «De este modo, la motivación, la energía, y el impulso para la santidad se encuentran en la realidad y el poder de la gracia de Dios en Cristo. Así que, si voy a tener algún progreso en la santificación, el lugar donde siempre debo comenzar es el evangelio de la misericordia de Dios para mí en Jesucristo».

Conociendo nuestra tendencia a invertir el orden de la lógica del evangelio, es sensato que estudiemos la Palabra de Dios hasta que estemos plenamente convencidos de que los indicativos siempre preceden a los imperativos. Lo que hacemos está cimentado en lo que Dios hace o ha hecho. Para aumentar nuestra convicción sobre la lógica del evangelio, Sinclair Ferguson propone que tomemos un poquito de «medicina indicativa». De su libro Devoted to God, así es como puedes tomar tu dosis:

  1. Toma una vieja Biblia o descarga el texto de la carta de Pablo a los Romanos.
  2. Ten un lápiz o marcador a la mano. Para que la medicina actúe apropiadamente, es esencial que observes la presencia de una sola característica de la carta de Pablo a los Romanos.
  3. Lee lentamente el texto de Romanos capítulos 1 al 11. Al hacerlo, ten un objetivo en la mira; es muy importante no perder la concentración: marca cada oración que aparezca en modo imperativo, es decir, cada oración que esté en forma de mandato, diciéndole al lector que haga algo.
  4. Observa que Romanos capítulos 1 al 11 contiene 315 versos.
  5. Escribe el número de versos que contengan un imperativo en estos capítulos. (Una vez más, recuerda que los imperativos son verbos que le dicen al lector que haga algo, es decir, contienen mandatos).
  6. Revisa tu respuesta.

¿Qué respuesta deberías hallar? Esto es lo que dice Ferguson: «Por supuesto, podemos extraer todo tipo de implicaciones y aplicaciones para nuestra vida de estos once capítulos. ¿Pero qué hay con los reales imperativos? En una versión inglesa como la ESV, los encontramos solo en Romanos 6:12, 13, 19; 10:4; y 11:18, 20, 22. En esencia, Pablo dedica 308 de 315 versos a una sostenida exposición de lo que Dios ha hecho, y solo entonces abre las compuertas y libera un torrente de imperativos». De hecho, ¡encontramos 20 solo en el capítulo 12!

¿Cuál es el objetivo del ejercicio? Entender lo siguiente: «Pablo claramente creía en la necesidad de las exhortaciones, mandatos e imperativos. Y los suyos son abarcadores y muy exigentes. Pero la naturaleza rigurosa de sus imperativos está arraigada en su profunda exposición de la gracia de Dios. Él espera el fruto de la obediencia porque ha cavado profundamente para plantar sus raíces en el rico suelo de la gracia. Mientras más sólidos los indicativos, más exigentes son los imperativos que pueden sostener. Mientras más potente es la proclamación de la gracia, más rigurosos son los mandatos que puede sustentar».

¿Por qué no consideras tomar esta dosis de medicina indicativa? «Si entendemos bien esto, tenemos un firme fundamento para crecer en santificación. Si nos equivocamos aquí, podemos equivocarnos en todo». Hay mucho en juego; los beneficios son extraordinarios.