¡Espera el día de pago!

Ayer compartí un breve artículo acerca de hacer un buen trabajo; acerca de hacer nuestro trabajo de una forma que agrade a Dios. Vimos algunos versos del libro de Efesios pero no los revisamos todos, así que hoy quiero continuar. Pablo comenzó diciendo que los cristianos deben trabajar, y continuó diciendo que los cristianos deben asegurarse de siempre llevar a cabo su trabajo con miras a agradar a Dios.

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Pero incluso eso no es suficiente. Pablo dice que uno debe realizar su trabajo («sirvan») de buena gana. Ese es el mandato completo porque indica que Dios no solo espera que hagas un buen trabajo, sino que tengas una buena actitud mientras lo haces. Y recuerda que en esta carta no él está escribiendo a ejecutivos en amplias oficinas, ¡sino a esclavos que no ganan un salario ni reciben beneficios!

¿Qué significa trabajar de buena gana? Significa que, si trabajas para una empresa, deberías querer que esa empresa tenga éxito y hacer todo lo posible por que eso ocurra. Incluso deberías querer que tu gerente o jefe tenga éxito y rendir al máximo para ayudarlos. Querer que la compañía tenga éxito significa que quieres que las personas que te rodean tengan éxito, aun si alcanzan niveles de éxito más altos que tú. Este puede ser el rasgo del carácter más inusual y piadoso en el ámbito del trabajo diario: una persona que genuinamente quiere que sus pares tengan éxito. ¡Pero qué gran característica de una persona que ha sido transformada por el evangelio! Esto es morir a sí mismo, esto es trabajar como para el Señor y no como para los hombres. ¿Puedes alegrarte con los que se alegran, aun si la persona que se alegra es la que obtuvo el ascenso que tú querías y tal vez el ascenso que tú merecías?

No importa quién seas ni lo que hagas, aquí tienes algo que aprender. Tu trabajo, cada parte de él, lo debes hacer como para el Señor. En última instancia, no trabajas para agradar a los hombres, sino a Dios. Dios es tu jefe último, y quiere que tu trabajo sea un reflejo de tu relación con él. ¿Cómo trabajarás para él? ¿Harás un trabajo de pacotilla? ¿Harás solo lo suficiente? ¿Evitarás cualquier esfuerzo y verás cuánto eres capaz de salirte con la tuya? ¿O tu gratitud por todo lo que él ha hecho te impulsará a hacer tu mayor esfuerzo cada día?

En este punto, Pablo te ha dicho que hagas tu trabajo, y lo hagas de tal manera que agrades a Dios. Algo más tiene que decirte: espera el día de pago.

¡Espera el día de pago!

Como suele hacer, Pablo les dice a los cristianos que bajen sus expectativas de una adecuada recompensa en este tiempo y busquen una abundante recompensa en el futuro. Te dice que trabajes arduamente, que trabajes para agradar a Dios y no a la gente, que trabajes con una buena actitud que se alegra por el éxito de los demás, y luego dice esto: «Sabiendo que el Señor recompensará a cada uno por el bien que haya hecho, sea esclavo o sea libre». Ahora bien, si esto era cierto de los esclavos, ¿cuánto más será cierto de nosotros, que somos totalmente libres?

Ahora que trabajas para agradar a Dios en lugar de a los hombres, ahora que eres libre de querer quedar bien con la gente, ya no tienes que obsesionarte con obtener reconocimiento por cada cosa buena que haces. Puedes ser el gerente que limpia el desastre aun cuando nadie te ve hacer una labor tan corriente. Puedes ser el tipo que en silencio ayuda a alguien más a tener éxito incluso de una forma que jamás nadie notará. Puedes trabajar más arduamente que todos los demás y nunca obtener un aumento de sueldo, aún estar lleno de gozo y aún estar totalmente satisfecho. ¿Por qué? Porque viene un futuro día de pago, una futura recompensa.

Existen todo tipo de cosas buenas que puedes y deberías hacer que otras personas no notarán. Existen todo tipo de cosas buenas que has hecho que los demás han olvidado. Pero el Señor lo ve todo, lo sabe todo y lo recuerda todo. Él es quien recompensará todas las cosas buenas que haces, aquellas cosas que haces por el bien de los demás y para la gloria de Dios. Todos los amos y todos los esclavos, todos los empleadores y todos los empleados, todos nosotros, tenemos la oportunidad ahora mismo de trabajar para el Señor y esperar su recompensa. ¿Ves la alegría y la libertad que esto le otorga a tu trabajo?

¿Es difícil tu trabajo? ¿Te parece de baja categoría? ¿Es lo mismo día tras día? El Señor te dice que hagas tu trabajo con excelencia, que lo hagas con gozo, que lo hagas como una adoración a él. ¿Tu trabajo te hace sentir irrealizado? ¡Está bien! No es necesario hallar la realización última en el aquí y ahora, pero puedes hacer bien tu trabajo y esperar una recompensa futura. Y esa recompensa llegará. ¡Él la prometió!

Como ocurre muy a menudo en la vida cristiana, solo necesitas extender un poco tu visión y esperar un poco más. La verdadera y más profunda realización no llega con los elogios del jefe, o un pago abultado, o un aumento, o un ascenso. La verdadera y la máxima realización está en hacer la labor que el Señor te ha llamado a hacer, en hacerla para su gloria, en hacerla con alegría, en anhelar la recompensa que vendrá.