La alegría es para el generoso

El dinero no compra la felicidad, ¿cierto? Todos hemos escuchado la máxima, y en un nivel intelectual sabemos que es verdadera. Con todo, ciertamente pareciera que el dinero pudiera comprarnos una pequeña dosis de alegría. No tenemos problemas para imaginar una fantasía donde somos multimillonarios y arrolladoramente felices. Y no cuesta mucho trabajo soñar otro escenario donde somos extremadamente pobres y vilmente infelices. Así que, ¿cuál es la relación entre el dinero y la felicidad al fin y al cabo?

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La Biblia nos ofrece aquí un poco de ayuda. Hace una conexión entre el dinero y la felicidad. Incluso hace una conexión entre el uso extravagante del dinero y una gran abundancia de felicidad. El dinero se puede usar para generar un gozo santo. Pero ¿cómo?

1 Crónicas 29 nos lo cuenta. El rey David se acerca al final de su vida y sabe que Dios pronto llamará a su hijo, Salomón, a construir un templo. Así que David se hace cargo de comenzar a recolectar los metales preciosos necesarios para construir una casa digna de Dios. Él da espléndidamente tanto del tesoro nacional como de su propiedad, y luego el pueblo sigue su ejemplo. «Donaron para las obras del templo de Dios ciento sesenta y cinco mil kilos y diez mil monedas de oro, trescientos treinta mil kilos de plata, y alrededor de seiscientos mil kilos de bronce y tres millones trescientos mil kilos de hierro. Los que tenían piedras preciosas las entregaron a Jehiel el guersonita para el tesoro del templo del Señor».

Esta no fue una pequeña colecta, ni un mero paso del sombrero. Muchas personas redujeron drásticamente su riqueza personal mediante su generosa contribución. Juntos acumularon un vasto tesoro de un valor casi increíble. Juntos garantizaron que este templo sería especial.

¿Cuál fue el resultado de su generosidad? El autor nos dice: «El pueblo estaba muy contento de poder dar voluntariamente sus ofrendas al Señor». David pronto hizo de esto un motivo de oración, y dijo: «Yo sé, mi Dios, que tú pruebas los corazones y amas la rectitud. Por eso, con rectitud de corazón te he ofrecido voluntariamente todas estas cosas, y he visto con júbilo que tu pueblo, aquí presente, te ha traído sus ofrendas» (1 Crónicas 29:17). Su generosidad trajo alegría. El sacrificio libre y voluntario de su propia riqueza les causó júbilo. Cada uno dio como había decidido en su corazón, no de mala gana o por obligación. Dios ama a ese tipo de dador alegre y al pueblo de Dios le encanta ser ese tipo de dador alegre. Dios concedió y su pueblo ganó alegría.

Puede que el dinero no sea capaz de comprar la alegría más grande y profunda, pero aún puede producirla. La alegría está ahí para tomarla. La alegría está ahí para darla. La alegría es para el generoso.