Lo que Dios hace con tu pecado

A veces es mejor mostrar que contar. A veces resulta más efectivo apoyarse en la ilustración que en la descripción. Quizá esto sea especialmente cierto cuando estamos decaídos, avergonzados o tristes, cuando las emociones amenazan con desplazar la razón. En tales momentos, Dios nos consuela no solo con descripciones de lo que él hace con nuestro pecado, sino también con vívidas ilustraciones. ¿Estás decaído por lo que has hecho? ¿Escuchas susurros que dicen que has pecado más allá del deseo o capacidad de Dios de perdonar? Permite que estas ilustraciones te consuelen. Escucha —¡o mejor mira!— todo lo que Dios hace con tu pecado.

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Dios arroja tu pecado al mar (Miqueas 7:19). Esta es una clara referencia a Éxodo cuando Dios rescató a su pueblo ahogando al Faraón y a su ejército en el mar. John MacKay dice: «A los egipcios se les impidió que alcanzaran a los israelitas en huida y revirtieran su liberación. La libertad del pueblo de Dios no será frustrada por alguna consecuencia de su pecado pasado que los alcance para arruinar su deleite en lo que Dios ha dispuesto para ellos». Ni un solo egipcio se arrastró hasta la ribera para seguir atormentando a Israel. Ni uno solo de tus pecados seguirá atormentando a tu alma.

Dios aplasta tu pecado bajo sus pies (Miqueas 7:19). Dios no solo ahoga tu pecado en el mar, sino que también lo aplasta bajo sus pies. Richard Phillips explica la ilustración de esta forma: «Dios responde a nuestro pecado de la manera en que un padre protector destruye una serpiente en el área de juego de los hijos». Él lo arroja al suelo, lo pisotea, lo reduce a nada. Lo muele bajo sus pies hasta que está muerto.

Dios le da la espalda a tu pecado (Isaías 38:17). Dios lo ahoga, lo pisotea, y también lo arroja. Uno solo arroja algo que es insignificante, algo que está dispuesto a olvidar. Tu pecado ha sido tan completamente tratado que es como si Dios lo arrojara detrás de él donde ya no pueda verlo, donde ya no le importe.

Dios borra tu pecado (Isaías 43:25). Borrar el pecado es destruirlo por completo, como si nunca hubiera existido. Si bien «borrar» suele ser un juicio de ira contra los enemigos de Dios, aquí es un juicio de misericordia hacia sus amigos. John Oswald dice: «En este caso, lo que él hace es eliminar del registro cada rastro de la transgresión y el pecado de su pueblo, no una vez sino continuamente y para siempre para no poder recordarlo». Él lo borra de su libro, de su mente, de su memoria, de las formas en que, de lo contrario, te trataría. ¡Se ha ido!

Dios olvida tu pecado (Hebreos 8:12). El olvido de Dios es una reiterada promesa y aliento tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El Dios que borra el pecado también debe olvidar esos pecados, olvidarlos en el sentido de jamás volver a traerlos a la memoria y jamás volver a hacerte enfrentar las consecuencias del juicio por ellos.

Dios echa de ti tu pecado (Salmo 103:12). Esta fue la proclamación de David en el Salmo 103: «Tan lejos de nosotros echó nuestras transgresiones como lejos del oriente está el occidente». ¿Qué tan lejos está el oriente de occidente? ¡Infinitamente lejos! ¿Qué tan lejos ha echado Dios tu pecado? Tan lejos como aquello.

Dios cubre tu pecado (Romanos 4:7-8). David se maravilló de que Dios quitara su pecado, e igualmente se maravilló de que Dios cubriera su pecado. «Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado». No hay mayor bendición que esta, que otro cubra los pecados de uno. Pablo también se maravilla de este hecho en Romanos 4. Si eso trajo consuelo a David y a Pablo, ¿no debería traerte consuelo a ti?

Dios quita tu pecado. Cuando Juan el Bautista vio a Jesús, dijo: «¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» (Juan 1:29). Por medio de Jesús, Dios iba a quitar tu pecado. Este acto de quitar significa algo así como «alejar» o «llevarse» algo. Por medio del sacrificio de Jesús, tu pecado iba a ser llevado como una carga insoportable, trasladado por alguien capaz de cargarlo.

Dios cancela la deuda de tu pecado (Colosenses 2:14). El pecado crea una deuda legal, una condena del infractor en el tribunal del legislador. Dios cancela esa deuda en beneficio tuyo emitiendo un veredicto de no culpable. «Antes de recibir esa circuncisión, ustedes estaban muertos en sus pecados. Sin embargo, Dios nos dio vida en unión con Cristo, al perdonarnos todos los pecados y anular la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la ley. Él anuló esa deuda que nos era adversa, clavándola en la cruz» (Colosenses 2:13-14). ¡No eres culpable!

Dios lava tu pecado (Isaías 1:18). Tu pecado es como manchas de sangre en un vestido blanco. Se destacan, marcan, estropean, arruinan. Pero Dios promete: «Vengan, pongamos las cosas en claro —dice el Señor—. ¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana!». Él lava esos pecados desde la escarlata a la nieve, desde la púrpura a la lana pura.

Dios perdona tu pecado (1 Juan 1:9). Tu pecado crea desunión entre tú y tu Creador, pero Dios perdona ese pecado por gracia. «Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad».

¿Así que, ¿qué hace Dios con tu pecado? Le da la espalda, lo ahoga en el mar, lo pisotea, lo borra, lo olvida, lo aleja, lo cubre, lo quita, lo cancela, lo lava, lo perdona. Dios puede hacer todo esto y lo hará en el presente por causa de una cosa que hizo en el pasado.

Dios puso tu pecado sobre Jesús. Para comprender esto, necesitamos volver un momento al sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. En ese sistema, se consideraba a un macho cabrío —un chivo expiatorio— como el que cargaba simbólicamente el pecado humano. Entonces era enviado a vagar en el desierto lejos del pueblo de Dios. Así es como Dios lo ordena en el libro de Levítico. «[Aarón] presentará el macho cabrío vivo, y le impondrá las manos sobre la cabeza. Confesará entonces todas las iniquidades y transgresiones de los israelitas, cualesquiera que hayan sido sus pecados. Así el macho cabrío cargará con ellos, y será enviado al desierto». El macho cabrío jamás regresaría, simbolizando que el pecado del pueblo jamás regresaría a ellos.

Este inusual acto se cumple en Jesús. Aquí es Dios quien impone sus manos sobre Jesús, Dios es quien pone tus pecados sobre Jesús, y quien echa a Jesús de su presencia. Tu pecado fue cargado sobre Jesús para que pudiera tratarlo en tu lugar. Y, alabado sea Dios, ¡él lo hizo! ¿Qué hace Dios con tu pecado? Todo lo necesario para reconciliarte con él y todo lo necesario para darte un confiado consuelo hoy y todos los días.