Lo que quiere el rebelde

Pocas cosas causan tristeza y rompen corazones como tratar con gente rebelde, gente que ha decidido que seguirá su pecado, que rechazará sus roles, faltará a sus promesas, ignorará a sus consejeros. Al tratar con tales personas, debemos preguntarnos, ¿cuál es la mentalidad, la cosmovisión, el sistema de valores de un hombre o una mujer rebelde? Dave Harvey y Paul Gilbert miran en lo profundo del corazón rebelde en su libro Letting Go. Ellos ofrecen tres respuestas para lo que el rebelde quiere y estas respuestas cuentan por qué es tan difícil razonar con ellos, por qué se necesita tanta gracia para que se vuelvan de su pecado.

Become a Patron

El rebelde quiere decisiones sin consecuencias. El rebelde es el necio que se describe de manera tan apropiada y reiterada en el libro de Proverbios; el necio que está convencido de que puede tomar malas decisiones sin malas consecuencias. «Las personas necias que viven en rebelión van por la vida como si tuvieran pase libre, una tarjeta “Salga libre de prisión” que los libera de las consecuencias. Están evadiendo constantemente las repercusiones de las malas decisiones. Ellos siguen un camino arriesgado, esperando que alguien los saque del apuro, sin importar qué agujero negro los esté absorbiendo». Quieren libertad, pero una especial y ridícula clase de libertad, la libertad de elegir lo que quieran, pero sin las consecuencias negativas que deben acompañar una decisión tan torpe.

El rebelde quiere autonomía sin responsabilidad. La gente rebelde quiere autonomía sin el gobierno del amor. Quieren vivir en una inmadurez irracional que les permite entregarse al pecado sin ninguna responsabilidad. «Para los pródigos, la madurez significa concederse libertades, sin aceptar la responsabilidad. La libertad que quieren es totalmente en sus propios términos. Esperan dinero, libertad, derechos, y privilegios sin rendir cuentas de lo que hacen con estas bendiciones. Quieren su sueño sin que ninguna realidad se entrometa». No es de sorprender que esto no acaba en otra cosa que calamidad y desastre.

El rebelde quiere abandonar sin pérdida. La gente rebelde quiere alejarse de los roles y responsabilidades o promesas solemnes dados por Dios mientras espera que todo lo demás en sus vidas permanezca igual. Quieren cambiar respecto a otras personas mientras las otras personas permanecen iguales respecto a ellos. «Cuando el pródigo percibe que puede vagar sin la amenaza de la pérdida, su hambre de pecar se alimenta. Esto puede sonar loco, pero en su mundo, todo tiene pleno sentido. Harán lo que sea necesario para conseguir lo que quieren. Esa es la naturaleza de nuestro pecado: es irracional, sin contacto con la realidad». Ellos quieren partir pero sin el incómodo sentimiento de la pérdida.

¿Por qué es importante saber lo que quiere el rebelde? Porque «para alcanzar al pródigo, primero es preciso infiltrarse en la historia del pródigo». Es una fea historia, pero una que a menudo Dios se deleita en terminar con el pródigo regresando a todo aquello que una vez fue suyo.