No cantamos por diversión

Una de las tendencias que ha invadido nuestra sociedad en las últimas décadas es hacer divertida casi cualquier cosa. Se nos ha dicho y nos hemos convencido de que todo debe ser divertido. No se me ocurre un mejor ejemplo que la escuela donde la memorización que antes se consideraba esencial para el aprendizaje se consideró demasiado difícil y poco atractiva, así que fue reemplazada por actividades mucho más entretenidas pero mucho menos efectivas. Podemos ver el tema en los medios, donde los análisis profundos de asuntos clave se redujeron a frases atractivas de los presentadores nocturnos. El convertir todo en un juego es solo un progreso del hacer todo divertido. 

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Las iglesias tampoco han sido inmunes y la gente comenzó a exigir diversión de sus cultos de adoración. El llamado a adorar tomado de la Biblia fue reemplazado por divertidos videos tomados de la cultura pop. El sermón que exponía y aplicaba profundas verdades bíblicas fue reemplazado por sermoncillos temáticos que pasan por alto la mayor parte de la profunda exposición para enfocarse casi completamente en una trivial aplicación. Ed Young predicando desde una cama y un cuadrilátero de pelea no es el comienzo de la tendencia, sino su culminación. Y luego está la música. Muchas iglesias consideran que el canto es la parte más divertida del servicio. Las canciones que cantan y su manera de cantarlas están diseñadas para que sean entretenidas. Menos importantes que las palabras son los sentimientos. Menos importantes que las profundas verdades son los ganchos, puentes y coros. 

Sin embargo, el canto no está prescrito en la adoración cristiana con el propósito de la diversión. En realidad sirve a un propósito mucho más elevado como un medio por el cual nos alentamos mutuamente repasando juntos verdades comunes. Según Colosenses 3:16, cantamos desde el evangelio, unos para otros, al Señor. ¡El canto es un asunto serio! Es tan serio como la predicación, la oración y la comunión. No es solo un beneficio adicional o un placer, sino un deber y obligación. Es algo que se tiene que hacer y se debe hacer.

Por supuesto, eso no significa que la adoración deba ser tediosa o poco interesante o la descripción más escueta de las cosas. La alternativa a la adoración divertida no es una adoración deslucida o aburrida, sino adoración significativa y verdadera, adoración que exprese toda la variedad de la verdad bíblica y la experiencia cristiana. No se trata solo de emoción, sino de reflexión. No se trata solo de sentimiento, sino de pensamiento. No se trata solo de pasarlo bien, sino de servir a otros.

Si miramos los Salmos, vemos rápidamente que «el libro del canto de Dios» usa la forma poética para relatar la experiencia total del creyente. Los Salmos contrastan marcadamente con gran parte de la adoración moderna y sin duda nos muestran que nuestro canto debe ser mucho más que diversión y contener mucho más que declaraciones de victoria. Algunas canciones pueden ser divertidas, pero otras son sombrías. Algunas pueden estar llenas de alegría, pero otras están llenas de tristeza. Algunas pueden impulsarnos a levantar las manos y danzar en los pasillos, pero otras pueden impulsarnos a estar inmóviles y llorar en silencio. Muchos salmos no son especialmente divertidos de cantar, pero son buenos, necesarios y saludables. Ellos nos muestran que debemos cantar acerca de todo, incluyendo cosas que no son divertidas en absoluto. El canto nos permite celebrar, pero también lamentar; dar gracias, pero también confesar; declarar, pero también suplicar; expresar, pero también reflexionar.

El canto puede ser divertido y a veces será divertido. Pero Dios lo ha diseñado y lo ha prescrito para que sirva a un propósito mucho más elevado y mejor que ese.