No dejes a Jesús fuera de tu matrimonio

Hace poco tuve la oportunidad de exponer y predicar acerca del matrimonio. Esto siempre es un enorme desafío personalmente. No hay nada como pasar un par de semanas profundizando en lo que la Biblia dice acerca del matrimonio para exponer mis insuficiencias como esposo y para enfrentar cara a cara todas las formas en que fallo y no soy todo lo que Dios me llama a ser ni todo lo que mi esposa merece.

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Más que cualquier otra cosa, fui desafiado a seguir asegurándome de que Jesús sea el centro de nuestro matrimonio. Y ese desafío llegó de una forma inesperada que me impacta. Estaba estudiando la primera parte del gran pasaje de Pablo sobre el matrimonio y analizando los versículos que corresponden a las esposas. Pablo pretende poner orden en la familia cristiana: «Ustedes se han vuelto a Cristo arrepentidos y con fe; ahora, así es como deben vivir como una familia distintivamente cristiana salvada y moldeada por el evangelio». Y él revela que, en el ordenamiento de una familia cristiana, la contribución única de la esposa es someterse a su esposo. De ahí las conocidas palabras: «Esposas, sométanse a sus propios esposos».

Pablo no avanza ni una sola palabra antes de vincular a Jesús en el asunto. Pero imaginemos tan solo un momento que no lo hizo. ¿Cómo sería la instrucción de Pablo a las esposas sin el evangelio de Jesucristo? ¿Cómo sería el matrimonio sin Jesús? Sería algo así:

Esposas, sométanse a sus propios esposos, porque el esposo es cabeza de la esposa. Las esposas deberían someterse en todo a sus propios esposos.

¿Ves lo frío, árido y áspero que es eso? Es un mandato sin ejemplo. Es exigencia sin explicación. Es ley sin evangelio. Cualquier ser humano puede inventar esa ley y, de hecho, muchos lo han hecho. Pero eso no es la Biblia. No es el matrimonio cristiano. No es matrimonio cristiano mientras Jesús no esté entronizado en el centro mismo. Así que volvamos a incluir a Jesús.

  • «Esposas, sométanse a sus esposos como al Señor.
  • Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo.
  • Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo».

¡Jesús lo cambia todo! La sumisión ahora es distintivamente cristiana, directamente ligada a Jesucristo. Una esposa no puede someterse a su esposo de la manera que Dios le pide a menos que ella primero sepa cómo se somete la iglesia a Cristo. Ella no simplemente se somete a su esposo, sino que lo hace como. Esa es una palabra de comparación. Se somete como se somete la iglesia. Así que una esposa distintivamente cristiana no es meramente una esposa que ha profesado su fe en Jesús. Ese es solo el comienzo. Una esposa distintivamente cristiana es una esposa que ha profesado su fe en Jesucristo y luego ha permitido que su mente y corazón estén fijos en la relación de Cristo con su iglesia. Es una esposa que ha visto que su sumisión a su esposo no está separada de su sumisión a Jesucristo, sino que es parte de esta. No son dos cosas distintas sino una sola.

Un patrón similar es cierto respecto al esposo. Él está llamado a liderar a su esposa con amor, pero, una vez más, se le dice que ame como. «Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia». Todo lo que Pablo le dice al esposo acerca de su contribución única al matrimonio está igualmente centrado en Jesús e igualmente moldeado por el evangelio.

Esto es lo que hace el matrimonio cristiano esencialmente distinto. En todo el mundo, y en cada religión y cada cultura la gente se casa. Pero solo los cristianos llegan a entender el matrimonio como algo saturado de Jesús. Solo los cristianos llegan a entronizar a Jesús en el centro del matrimonio. Solo los cristianos llegan a experimentar el verdadero matrimonio.