Por qué el matrimonio es mejor que la cohabitación

Si bien los cristianos siguen afirmando que el matrimonio es único, bueno y necesario, nuestra sociedad sigue legitimando la cohabitación ya sea como un precursor común del matrimonio, o bien como una total alternativa. Este desliz es preocupante, porque el matrimonio ofrece diversos importantes beneficios que están ausentes en la cohabitación, beneficios que se extienden a la pareja, a sus hijos, a sus familias, y a la sociedad en general. Christopher Ash hace un útil recuento de estos en su libro Married for God.

Become a Patron

  1. El matrimonio es inequívoco

A diferencia de la cohabitación, el matrimonio es inequívoco. De hecho, en la mayoría de los casos, la cohabitación está deliberadamente en su ambigüedad. «Cuando un hombre y una mujer comienzan a dormir juntos y quizá se van a vivir juntos, el resto de nosotros se queda preguntando cuál es exactamente la base de su relación. Está claro que han acordado dormir juntos, pues de lo contrario sería violación. Pero ¿qué se han prometido mutuamente, si lo han hecho? ¿Sobre qué base o entendimiento mutuo están juntos?». La respuesta variará de una pareja a otra y puede extenderse desde un nivel de compromiso muy mínimo a uno muy significativo. Pero siempre queda una medida de incertidumbre. A menudo cada uno de los compañeros tendrá un nivel diferente de compromiso o expectativa; uno piensa que irse a vivir juntos marca el comienzo de algo permanente, mientras que el otro lo considera un mero periodo de prueba. Entretanto, los demás no estamos seguros de cómo relacionarnos con ellos mientras viven juntos, y en caso de que disuelvan su relación. La ambigüedad relacional es especialmente evidente cuando uno de ellos fallece. «¿Quién es el pariente? ¿Con quién deberíamos dolernos más profundamente? ¿Los padres, o el conviviente?». El matrimonio resuelve útilmente esta falta de claridad.

  1. El matrimonio es una unión de familias; la cohabitación es flotar libremente

El matrimonio es una unión de familias más bien que de dos individuos que flotan libremente. La cohabitación es un intento de mantener una relación privada, no en el sentido de secreta, sino «en el sentido de un acuerdo celebrado y limitado a las dos personas, donde las familias solo están más bien incómoda y ambiguamente involucradas». Pero el matrimonio vincula a dos familias en una conexión que pretende ser una responsabilidad y bendición para ambos. «Es mejor estar conectado que flotar “libre” pero desconectado de la familia más amplia y de la sociedad», porque bíblicamente este tipo de libertad dispersa se considera una maldición, mientras que la reunión en un pueblo y una familia se considera una bendición. «Esto es porque Dios quiere que su mundo sea gobernado de forma ordenada por personas conectadas». El matrimonio sirve como una pequeña pero fundamental expresión de poner orden mediante la conexión.

  1. El matrimonio provee protección al vulnerable desde el comienzo

La naturaleza pública del matrimonio provee una importante protección para el vulnerable al comienzo de la relación sexual. «A veces pensamos que somos individuos autónomos flotando libremente que tomamos decisiones propias. La realidad es que estamos influenciados en muchas formas en cada decisión que tomamos. Y en el área del sexo, sobre todo, estamos expuestos a la manipulación y la explotación, incluso inconscientemente, por pasiones que luchan y deseos que pueden abrumarnos». Todos estamos propensos a tomar malas decisiones que más tarde lamentaremos, y esto es especialmente cierto en aquellas áreas donde podemos ser excesivamente influenciados por fuertes pasiones y deseos. Los aspectos públicos y familiares del matrimonio sirven como una especie de protección contra esto. «Dado que el matrimonio es una unión pública en la cual las familias deben estar involucradas, y no solo los dos individuos, ofrece la protección y la sabiduría de las familias en una forma que puede proteger al vulnerable de que sea explotado o tome decisiones insensatas bajo la presión de la pasión». A muchas parejas les molesta el involucramiento de la familia; muchas familias son pecaminosamente manipuladoras y dominantes. Pero a menudo (y ciertamente cuando las familias se comportan según el modelo de Dios), proveen una importante medida de protección y afirmación.

  1. El matrimonio ofrece cierta esperanza de justicia al que ha sido perjudicado cuando se termina

El matrimonio ofrece importantes medidas de protección y justicia para el que resulta perjudicado cuando un matrimonio se deshace. «Cuando un hombre o una mujer se aparta de una relación sexual, la otra parte siempre sufre. Sin embargo, en el matrimonio la sociedad reconoce que la parte abandonada tiene derechos que el otro debe respetar. Y en una sociedad saludable, el que abandona está obligado a respetar tales derechos y no puede alejarse de manera irresponsable». Si bien estas medidas protectoras pueden ser imperfectas, al menos están hechas para asegurar que haya un marco para promover y asegurar la justicia. Desde luego, muchos países ahora están actuando para establecer obligaciones similares con la cohabitación, pero aquí hay una extraña ironía. «Quizá dentro de poco nadie podrá salir de una cohabitación sin cierta obligación de cumplir responsabilidades con el otro (especialmente si hay hijos). Esto debemos celebrarlo. Pero también debemos observar que cada paso en esta dirección hace que la cohabitación sea menos atractiva para quienes han optado por ella precisamente para evitar las obligaciones del matrimonio. En efecto, se podría argumentar que la sociedad debe tratar a los convivientes como si estuvieran casados, con todas las obligaciones que eso conlleva. Esto significaría que, para disolver una cohabitación, ¡una parte tendría que demandar por lo que efectivamente sería divorcio! Si eso ocurriera, entonces la mera acción de irse a vivir juntos llegaría a significar el compromiso verbalizado en los votos del matrimonio, y luego la cohabitación significaría matrimonio». Eso ya sería algo.

  1. El matrimonio fortalece las intenciones privadas con promesas públicas

Las promesas públicas del matrimonio son necesarias porque cuando hacemos promesas públicas, arriesgamos nuestra reputación e integridad en esas promesas. Si bien las parejas suelen hacerse promesas en privado, hay un mundo de diferencia entre las promesas privadas y las que se declaran en público ante testigos. «Es terriblemente fácil romper las declaraciones en privado; estas se evaporan como el rocío de la mañana… Pero cuando toda mi familia amplia, mis amigos, mis colegas y mis vecinos saben que he hecho esta promesa pública, estoy mucho más inclinado a cumplirla. No quiero que piensen que soy un mentiroso. Y el matrimonio comienza precisamente con esas promesas públicas». Esas promesas públicas se hacen delante de testigos —muchos o pocos— que están en lugar del resto de la sociedad para respaldarlas y llamar a la pareja a respetarlas. «Nuestra capacidad para la fidelidad hace posible el matrimonio, pero nuestra capacidad para la infidelidad hace el matrimonio necesario. Necesitamos las promesas públicas para vincularnos a la fidelidad que prometemos. Cuando luchamos en matrimonios difíciles, es de gran ayuda saber que hemos prometido públicamente ser fieles de por vida, y que todos los demás esperan que cumplamos esa promesa, y si no, debemos esperar experimentar vergüenza. Todo esto fortalece y sustenta el matrimonio, y nos ayuda a mantener hasta el final las promesas que hicimos al comienzo».

En cada una de estas formas —y se podrían mencionar muchas otras—, el matrimonio es mucho mejor que la cohabitación.

 

Para una mirada alternativa, totalmente secular, pero de todas formas interesante, tal vez te agrade mirar este video de The School of Life: Why Bother With Marriage?