¿Qué hace diferente la discusión sobre los dones espirituales?

Tengo la impresión de que los primeros cristianos no ocupaban tanta energía en debatir sobre la cesación o la continuación de los dones espirituales milagrosos. Sus discusiones no giraban en torno a negar erróneamente la existencia de dones activos o afirmar erróneamente la continuación de dones ya cesados. Después de todo, ellos veían clara e innegablemente los dones de profecía, sanidad y lenguas en operación. Apóstoles de confianza escucharon palabras de profecía y afirmaron su veracidad, piernas tullidas fueron sanadas y ojos ciegos fueron abiertos, personas que no conocían un idioma de pronto lo estaban hablando. Por este motivo, la preocupación del Nuevo Testamento no es defender la existencia de los dones, sino enseñar su propósito y uso adecuado.

Become a Patron

Hoy, sin embargo, los cristianos son empujados en dos direcciones de modo que algunos están convencidos de que los dones milagrosos han cesado (cesacionistas) mientras que otros creen que continúan (continuistas o carismáticos). No parece que nos estemos acercando mucho a una resolución.

Ambos grupos creen que la Biblia es la instrucción inerrante y con autoridad de Dios sobre qué debemos creer y cómo debemos vivir, así que, en el mejor de los casos, ambos la usan cuidadosamente. Ambos la usan para explicar lo que ven y experimentan en sus vidas e iglesias. Los continuistas, al ver evidencia de que los dones milagrosos continúan hasta nuestros días, van a la Biblia para entender por qué permanecen operativos y cómo ejercerlos adecuadamente. Los cesacionistas, al no ver evidencia de que los dones milagrosos continúan hasta nuestros días, van a la Biblia para entender por qué no siguen operativos y por qué es inútil intentar ejercerlos. Lo extraño es que ambos están mirando la misma información y experiencias, pero las interpretan de forma totalmente distinta.

Lo que ambos grupos tienen claro es que lo que vemos hoy no es exactamente lo mismo que se describe en la Biblia. En el Nuevo Testamento leemos descripciones de personas que repentinamente son dotadas de fluidez en un idioma extranjero de modo que podían predicar el evangelio en esa lengua. Leemos sobre milagros dramáticos, instantáneos, visibles e innegables como ojos abiertos que habían estado ciegos de nacimiento y piernas fortalecidas que habían estado tullidas por años. Se nos cuenta de personas que escuchaban y afirmaban palabras de profecía —incluso profecía predictiva— que se pronunciaban claramente y se reconocía su autoridad.

Hoy, sin embargo, aquellos que hablan en lenguas pocas veces aseguran que su lenguaje sea humano o comprensible por alguien que no sea Dios y una persona con el don de interpretación. Las sanidades por lo general son enfermedades menores, graduales, a menudo invisibles, y no son afirmadas por la comunidad médica. La profecía es falible y normalmente lo bastante vaga para estar abierta a variadas interpretaciones.

Los continuistas se enfocan en las similitudes y dicen: «Son lo mismo». Los cesacionistas se enfocan en las diferencias y dicen: «No son lo mismo». Los continuistas miran la evidencia, ven las similitudes con el Nuevo Testamento, y concluyen que estas cosas son lenguas, sanidad, y profecía. Los cesacionistas miran la evidencia, ven las diferencias con el Nuevo Testamento, y concluyen que estas cosas no son lenguas, ni sanidad, ni profecía. Los continuistas ven la diferencia entre el Nuevo Testamento y hoy como un desafío para seguir intentando la práctica de los dones. Los cesacionistas ven la diferencia entre el Nuevo Testamento y hoy como una razón para dejar de intentar la práctica de los dones.

Estas variadas formas de interpretar los mismos datos están en el centro de la distinción entre continuistas y cesacionistas. Creo que en alguna medida ambos grupos tienden a leer la Escritura a través de sus experiencias. Basados en la evidencia que encuentran los cesacionistas, dicen que estos sucesos sobrenaturales pretendían durar solo un tiempo para actuar como una especie de afirmación de los apóstoles y los primeros líderes de la iglesia hasta que se completara el canon. Basados en la evidencia que encuentran los continuistas, ellos dicen que estos sucesos sobrenaturales pretendían ser normativos en la iglesia.

Este es mi desafío a ambos grupos: debemos afinar nuestro razonamiento bíblico. Como pueblo de la Palabra, necesitamos que la Biblia sea nuestro punto de partida cuando se trata de entender y explicar cualquier fenómeno o cualquier falta de fenómeno. No podemos permitir que la aparente falta de dones nos haga volvernos a la Biblia ya decididos a demostrar su cesación; no podemos permitir que la aparente existencia de dones nos haga volvernos a la Escritura ya decididos a validar su continuación.

Los cesacionistas harían bien en asegurarse de estar fundamentando su postra en la Escritura y no dependiendo tan fuertemente de una falta de evidencia para explicar las similitudes entre el Nuevo Testamento y hoy. Después de todo, Dios puede estar esperando que mostremos una apertura a los dones antes de concederlos. ¿Acaso no suele conceder dones a aquellos que han comenzado a actuar con fe? Los continuistas harían bien en asegurarse de estar fundamentando su postura en la Escritura y no dependiendo tan fuertemente de lo que ellos consideran una preponderancia de similitudes entre el Nuevo Testamento y hoy. Después de todo, realmente hay una significativa variación entre los dones tal como fueron y los dones tal como son, ¿y no podría ser esta evidencia de que no son lo mismo?

Unos y otros, debemos ser un pueblo que interprete nuestra experiencia a través de la Escritura en vez de un pueblo que interprete la Escritura a través de nuestra experiencia.