¿Qué ofrece la profecía que la Escritura no?

Este está resultando ser un año interesante en lo que respecta a resolver una posible convergencia entre la teología reformada y la práctica carismática. En los últimos años, cuando cada vez más personas han adoptado los principios de la teología reformada, muchos han aceptado también que los continuos dones milagrosos del Espíritu Santo permanecen operativos en la actualidad. Sin embargo, pocos han intentado realmente poner esa doctrina en práctica. Al comienzo del año predije que esto pronto iba a cambiar, y al parecer está resultando ser cierto. Muy recientemente, Matt Chandler condujo a su iglesia a través de un examen de los dones espirituales como una forma de incentivar a la congregación a practicar plenamente toda la gama de dones.

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Al considerar la posible convergencia entre dos corrientes teológicas que hasta ahora han permanecido por mucho tiempo separadas, un asunto clave que debe aclararse es la relación entre Escritura y profecía. Como protestantes, estamos convencidos de que la Biblia es la inerrante, infalible, suficiente Palabra de Dios. Correctamente proclamamos la doctrina de solo la Escritura (sola scriptura), la cual nos asegura que la Biblia es nuestra única regla con autoridad para la fe y la práctica. Cuando introducimos la profecía, debemos lidiar con cómo practicarla de tal modo que armonice con todo lo que creemos acerca de la Biblia, incluida la sola scriptura. En ese respecto, esta es una pregunta cuya respuesta he estado ansioso por encontrar: ¿qué ofrece la profecía que la Escritura no?

Matt Chandler enfocó uno de sus sermones en la profecía y definió el don como «mensajes impulsados por el espíritu, espontáneos e inteligibles entregados oralmente a una persona o una comunidad con el fin de edificar y alentar». Luego, de diversas formas y mediante muchas anécdotas indicó lo que ofrece la profecía que la Escritura no ofrece: la profecía personaliza la Escritura. Esto es lo que dice: «Recibimos del Señor una palabra que no contradice las Escrituras, no está en contraste con la suficiencia de las Escrituras, sino que personaliza las Escrituras». Por tanto, el profeta habla en nombre de Dios para especificar una o más verdades bíblicas generales a un individuo o una comunidad.

Eso exige un ejemplo, y Chandler efectivamente provee varios. El más notable es el que cuenta sobre los días cuando estaba luchando con el cáncer y estaba en los peores momentos de su enfermedad. Él estaba tirado en el piso del baño y de pronto en su mente destelló una profecía que un amigo le había compartido algún tiempo antes: «Yo te circuncidaré, y con ello te haré padre de muchos hijos». Esto es lo que esas palabras hicieron por Chandler: «En el piso del baño esa tarde, el Dios de la creación se inclinó y besó mi frente en la noche más oscura de mi vida… Yo conocía versos bíblicos para todo eso, pero me sentí visto y amado ese día».

Chandler conocía las promesas de la Escritura como promesas de Dios para su pueblo, pero lo que lo que lo animó y lo consoló ese día; lo que lo hizo sentir visto y amado por Dios en su más profunda desesperación, fue una palabra de profecía. ¿Por qué? Porque el profeta había entregado una palabra personalizada del Señor a Matt Chandler. Él conocía las palabras generales de la Escritura, pero anhelaba algo más específico y más personal.

Cuando considero esto, me surgen muchas preguntas e inquietudes.

Primero, Chandler dice que la profecía personaliza la Escritura, pero no queda claro qué parte de la Escritura personalizó este profeta. ¿Cuál es la relación de esta profecía con la Biblia? ¿Había un versículo específico en el fondo que personalizaba (Romanos 8:28 quizá)? ¿O la profecía estaba personalizando temas generales en la Escritura? Está claro que es un mensaje personal, pero no está nada claro cómo se relaciona con la revelación bíblica existente (y, por tanto, cómo armoniza con la afirmación de Chandler sobre el propósito de la profecía).

Segundo, no está claro por qué esta profecía fue más alentadora que los versos de la Biblia que Chandler ya conocía. ¿Qué ofrece «yo te circuncidaré, y con ello te haré padre de muchos hijos» que no ofrezca «sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito»? ¿Qué tenía lo primero, en contraste con lo segundo, que vino como un beso de Dios y lo hizo sentir visto y amado? ¿Cómo y por qué una profecía posiblemente falible asume un rol más importante en ese momento que la clara revelación divina? ¿Qué beneficio tiene recibir un mensaje que es a) vago, b) necesita interpretación, y c) potencialmente erróneo, cuando tenemos promesas mucho mejores que sabemos que son inerrantes e infalibles?

Tercero, lo que explica Chandler parece quitarle importancia a la naturaleza profundamente personal de la Escritura. Me preocupa que sus ejemplos de profecía enseñan tácitamente que la Biblia es amplia y general en contraste con la profecía que es puntual y específica. Estamos dispuestos a admitir que la Biblia es distinta a cualquier otro libro en que es inerrante, infalible y suficiente. Pero la singularidad de la Biblia implica más que eso. También es personal: «La palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12). A esto sumemos Jeremías 23:29, 1 Tesalonicenses 2:13, Salmo 119, y muchos otros pasajes, y debemos concluir que la Escritura no es comunicación general de Dios a la humanidad, sino comunicación profundamente personal porque es potenciada por el ministerio iluminador y aplicador del Espíritu Santo. ¿Es el ministerio externo de la profecía el que personaliza la Escritura, o es el ministerio interno del Espíritu?

Esta es la pregunta que he estado haciendo: ¿qué ofrece la profecía que la Escritura no? Aquella personaliza la Escritura, dice Chandler. Pero, a fin de cuentas, su respuesta y sus ejemplos no me convencen. Aún no veo de qué manera la profecía personaliza la Biblia o cómo ofrece algo más valioso de lo que ya tenemos.