Recoger la ofrenda en un mundo sin efectivo

Siempre he disfrutado la parte del servicio de adoración que llamamos «la ofrenda» o «la colecta». Es el momento cuando los diáconos pasan los platos y cada uno de nosotros entrega su donación financiera. Es un momento tanto de alegría como de solemnidad mientras expresamos gratitud mediante la generosidad. Es un acto de adoración corporativa donde juntos le devolvemos al Señor lo que él nos ha dado. Pero la colecta se está extinguiendo porque el efectivo se está extinguiendo.

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Recoger la ofrenda era simple en un mundo donde las transacciones financieras incluían efectivo y cheques. Era fácil llevar ambas cosas a la iglesia y fácil ponerlas en el plato. Pero ese mundo está pasando rápidamente en tanto que avanzamos velozmente hacia la sociedad sin efectivo. La mayoría de las transacciones de hoy involucran el intercambio electrónico de dinero electrónico. Mis hijos nunca han firmado un cheque y no son extraños porque su cuenta bancaria ni siquiera provee ni incentiva su uso. Cuando compran algo, lo hacen con tarjetas de débito o el teléfono móvil, no con efectivo. Cuando hace poco vendí mi biblioteca, casi cada uno de los jóvenes que compraron libros me pagó con transferencia electrónica. Mi hijo es cajero en un almacén y se da cuenta de que solo la gente mayor alguna vez le da un billete. Es un mundo nuevo; un mundo diferente.

Cuando crecían mis convicciones sobre dar dinero a la iglesia, fui influenciado por Donal Whitney a través de su libro Spiritual Disciplines for the Christian Life. Él dice, acertadamente, que dar para el Señor es una forma de adoración y cita a Wayne Watts al describir su creciente convicción de que debía dar cada semana durante cada servicio de adoración:

He llegado a la conclusión de que el dar, junto con nuestra gratitud y alabanza, es adoración. En el pasado, me comprometí a donar a mi iglesia una suma anual. Una vez al mes, firmaba un cheque mientras estaba en la iglesia y lo ponía en el plato de la colecta. A veces enviaba un cheque por correo desde mi oficina. Mi objetivo era que la iglesia recibiera la suma comprometida antes de fin de año. Aunque ya había experimentado la alegría de dar, el acto de entregar mi donación tenía poca relación con la adoración. Mientras escribía este libro Dios me amonestó que comenzara a dar cada vez que iba a la iglesia.

Ese era un buen consejo para el mundo tal como era entonces. Pero ya no funciona. Al menos no funciona para toda la iglesia. Hay algo bello y deliberado en dejar un billete en el plato de la ofrenda cada semana y susurrar una oración de gratitud a Dios mientras cantamos «Te daré lo mejor». Hay algo que parece extraño y menos significativo en saber que ese mismo dinero va a ser transferido de nuestra cuenta esa tarde. Pero así es el mundo de hoy.

Esto me deja con dos preguntas.

Primero, ¿de qué manera nuestra iglesia está haciendo del dar para el Señor un acto de adoración cuando, en vez de que se haga de forma comunitaria y manual, se hace de forma electrónica y automática? Supongo que la respuesta va a variar según el contexto, desde aquellos donde el efectivo aún está en uso regular a aquellos donde es escaso. En nuestra iglesia, Grace Fellowship Church, ya no hacemos la colecta, pero sí ponemos un cesto en la parte posterior para los que desean dar en efectivo o con cheque. También aceptamos donaciones electrónicas. Pero regularmente integramos un momento de agradecimiento a nuestro servicio. Aunque no recogemos una ofrenda en ese momento, de todas formas agradecemos a Dios por su provisión y expresamos la alegría de que podamos devolver generosamente una porción de ello para su obra. Puede que incluso cantemos «Que mi vida entera esté», «Todo lo que tengo es tuyo», u otra canción adecuada.

Segundo, ¿de qué manera, como individuos, hacemos del dar un acto de adoración cuando nuestro involucramiento puede ser no más que llenar un formulario electrónico de donación? Supongo que la respuesta depende de cada individuo. Pero me pregunto si sencillamente es algo para integrar en tu vida de oración. Aun si el acto de dar no es lo que antes fue, todavía hay muchas razones para agradecerle a Dios por su generosidad, para expresar tu seguridad y confianza en que seguirá proveyendo, y pedirle que realice su voluntad y se glorifique a través de lo que has dado.

Me interesaría saber, y quizá puedas manifestarlo en Facebook o Twitter para hacérmelo saber: ¿de qué manera tu iglesia maneja la colecta en un mundo con cada vez menos efectivo? ¿Y de qué manera haces del dar un acto significativo de adoración si tu donación es electrónica? ¿Qué piensas acerca del futuro de la colecta de la ofrenda?