Un reflejo de Cristo

En algunas áreas de mi vida, Dios me ha llamado a liderar y en otras áreas me ha llamado a seguir. Ya sea que esté liderando o siguiendo, el llamado es un llamado de servicio. Como dijo Jesús: «El que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás». Los líderes deben servir en su liderazgo y los seguidores deben servir en su seguimiento.

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Dios me ha llamado a liderar a mi familia y me ha llamado a estar involucrado en el liderazgo de mi iglesia local. Y en todo mi liderazgo, estas palabras de David Powlison me plantean un desafío: «Uno refleja a Cristo especialmente velando por el bienestar de aquellos que Dios ha puesto a su cargo».

Las palabras de Powlison me desafían exigiendo una respuesta a esta pregunta: en mi liderazgo, ¿estoy entregando una imagen precisa de Cristo? ¿O aquellos que lidero ven una imagen de Cristo distorsionada y deformada? ¿Me ven velando por su bienestar como Cristo veló por el bienestar de aquellos que amaba? ¿O más bien ven egoísmo?

Cuando mis hijos miran la forma en que lidero a mi esposa, ¿ven un reflejo del amor de Cristo? ¿O tienen motivos para dudar que él realmente está a su favor, que los ama con un amor firme e inconmovible?

Los hombres y mujeres de Grace Fellowship Church, ¿me ven liderándolos y saben que Cristo se esfuerza por ellos en oración, que él anhela que ellos conozcan al Padre a través de la Palabra? ¿O ven una distorsión, una imagen de Cristo egocéntrica, perezosa e indecisa?

Es por ello que las palabras de Powlison me desafían como líder. Hay muchas medidas que podría usar para evaluar la efectividad de mi liderazgo. Podría evaluar según como me recibe la gente, según como me consideran, según el número de personas que me siguen, según la riqueza, la salud, la felicidad. Cada una de estas medidas es demasiado fácil de manipular; cada una es demasiado subjetiva, demasiado tendiente a mis propios intereses.

Pero cuando enmarco el éxito de mi liderazgo en su relación con Cristo, aquí es donde mi corazón tiene poco espacio para huir, esconderse o manipular. Aquí mi corazón debe ver a Cristo como el modelo y a mí mismo como el que lucha por ser como él. ¿Soy un líder bueno y piadoso? Solo necesito mirar a Cristo y verme en relación con él; allí es donde hallaré mi respuesta.