Uno no sabe quiénes son realmente sus amigos hasta que…

Uno no sabe quiénes son realmente sus amigos hasta que su relación con uno se vuelve una carga en vez de un beneficio. Muchas celebridades, e incluso celebridades cristianas, han aprendido esta lección por las malas. En un abrir y cerrar de ojos, o en la publicación de una noticia, pasaron de elogiados a ignorados, de célebres a invisibles. Aprendieron rápidamente que muchos de sus supuestos amigos en realidad no habían sido amigos en absoluto, sino que eran personas prosperando en una especie de relación simbiótica donde cada uno se beneficiaba del otro. Cuando la relación se volvió una carga, de pronto sus amigos no estaban por ningún lado.

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Esto le ocurrió a Jesús. Cuando estaba realizando milagros, dando palizas verbales a los fariseos y sanando a hombres que habían nacido ciegos, sus amigos estaban contentísimos de aliarse con él. Estaban orgullosos de conocerlo, de ser conocidos en relación con él, y de estar en su círculo íntimo. Pero cuando se convirtió en un criminal odiado, cuando fue arrastrado al tribunal y le imputaron delitos, sus amigos se esfumaron rápidamente. Desaparecieron en la noche, y lo dejaron que se las arreglara solo.

Durante todo el tiempo que tú y yo hemos vivido, al menos si has vivido en esta cultura occidental del primer mundo, la amistad con Jesús ha sido beneficiosa. En el peor de los casos, esta amistad ha sido neutral, de modo que los beneficios han equilibrado los inconvenientes. Y si bien no vaticino malos augurios, parece cada vez más claro que una relación con Jesús pronto será cada vez más una carga frente a este mundo que observa y juzga.

Al mirar a las personas a mi alrededor que han profesado la fe en Cristo, y al mirar a muchos de los cristianos que conozco a través de las redes sociales, veo dos tipos de reacciones preocupantes.

Algunos están negándolo y rechazándolo. Ellos han determinado que el costo de asociarse con Jesús es demasiado alto, y se han alejado totalmente de él. Cualquier asociación con Jesús los cataloga de fanáticos, intolerantes, prejuiciosos, atrapados en un sistema de moralidad terriblemente obsoleto. Ellos han decidido apartarse de él.

Muchos más están redefiniendo los términos de su amistad redefiniendo a su amigo. Están creando una nueva versión de su amigo Jesús, reescribiéndolo a su propia imagen, o a imagen de la cultura a su alrededor, convirtiéndolo en una figura que ha sido malentendida y que es mucho más tolerante, más receptiva, y más agradable. Este Jesús inofensivo ama sin juicio, da sin expectativas, ondea orgulloso una bandera arcoíris.

Pero, por supuesto, Jesús no cambia ni puede cambiar. Él no se inclinará a la cultura cambiante, no cederá al alza de la marea. Jesús siempre será solo el que es y el que siempre ha sido. Y cada uno de nosotros tiene una decisión que tomar.

Uno no sabe quiénes son realmente sus amigos hasta que su relación con uno se vuelve una carga en vez de un beneficio. No sabemos quiénes son los amigos de Jesús hasta que una relación con él se vuelve una carga en vez de un beneficio. Sabemos que Jesús se enorgullece de ser amigo de pecadores, y en los días venideros descubriremos cuáles pecadores están realmente orgullosos de ser amigos de él.