Vergüenza, miedo, culpa

He escuchado que existen tres tipos de culturas en el mundo, cada una definida por su cosmovisión predominante. Hay culturas de la vergüenza, culturas del miedo, y culturas de la culpa, y cada una de ellas tiene su propia forma de presionar a las personas para que se conformen a la sociedad.

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En una cultura de la vergüenza, la posición de uno frente a otra persona depende del nivel de vergüenza u honor de uno. Es como si hubiera una balanza imaginaria que en un lado tiene la vergüenza y en el otro el honor, y las cosas que uno hace, las cosas que dice, y las formas en que se comporta pueden inclinar la balanza hacia un lado o el otro. Si uno ha sido avergonzado, la forma de recuperar la reputación es hacer algo que restaure su honor. Hace algunos años vimos un ejemplo de esto en Ontario cuando un padre musulmán actuó para restaurar su honor. Sus hijas se habían estado rebelando contra él alejándose del islam y adoptando valores occidentales. Esto lo avergonzó a ojos de su comunidad y él reaccionó asesinando a sus tres hijas en lo que se conoce como un crimen de honor. Él estimó que este acto era necesario para restablecer su honor. Y, de hecho, dentro de su propia comunidad lo logró.

En una cultura del miedo, la posición de uno depende de su nivel de miedo o de poder. Estas culturas suelen ser tribales y animistas y presionan con el miedo a las consecuencias infligidas por espíritus sobrenaturales. La forma de vencer el miedo es adquirir poder; poder sobre esos espíritus y, a través de ellos, poder sobre otras personas. Esto se puede hacer por medio de maldiciones, encantamientos, amuletos, o incluso sacrificios. Cada uno de estos es un medio para obtener poder de esas fuerzas sobrenaturales, esos espíritus airados, y de esa forma ganar poder sobre la gente. El miedo es lo que controla a la gente y la obliga a conformarse a la cultura que la rodea.

En una cultura de la culpa, la posición de uno depende de su nivel de culpa o inocencia. Estas culturas están obsesionadas con la justicia, con mantener a las personas bajo control con los estándares de lo bueno y lo malo. En consecuencia, a los niños se les enseña desde sus primeros días a seguir las reglas y se les dice que serán inocentes si obedecen esas reglas o culpables si las desobedecen. Los adultos son controlados con interminables listas de leyes y, cuando son agraviados, están prestos a presentar cargos contra otras personas con la esperanza de que sean halladas culpables. Cada persona experimenta el deseo de evitar la culpa y proteger la inocencia.

Así que tenemos culturas de la vergüenza, donde hay una escala de la vergüenza al honor; tenemos culturas del miedo donde hay una escala del miedo al poder; y culturas donde hay una escala de la culpa a la inocencia. Y, de hecho, la mayoría de las culturas tiene componentes de estos tres tipos. Hay uno predominante, pero habrá elementos de los demás. Probablemente reconozcas que aquí en Occidente somos básicamente una cultura de la culpa con algunos elementos de la vergüenza (piensa en la vergüenza causada en las redes sociales como medio para la conformidad) y el miedo (piensa en el sorprendente surgimiento del karma y  «lo que se hace se paga» como fuerzas controladoras). Probablemente también percibas que la manera en que una cultura reconoce la buena o mala posición delante de la gente es la forma en que reconocerán su buena o mala posición delante de Dios.

Una cosa fascinante que considerar es que la Biblia prevé estas tres culturas, incluso al comienzo mismo. El capítulo 3 de Génesis relata como la humanidad acabó llena de pecado y problemas. Aquí leemos sobre los primeros seres humanos rebelándose contra Dios y aprendemos que su rebelión trae consecuencias. Tan pronto como pecan, experimentan vergüenza, simbolizada en el repentino conocimiento de que están desnudos y desean cubrirse. Experimentan miedo pues corren a esconderse de Dios, desesperados por escapar de su mirada. Experimentan culpa al saber que a los ojos de Dios han pasado de inocentes a culpables. En cada caso tenían razón; tenían buenos motivos para experimentar vergüenza, miedo y culpa porque se habían comportado vergonzosamente, habían ofendido a un ser poderoso, y se habían vuelto objetivamente culpables de una ley divina.

Pero así como la Biblia describe que estas tres son consecuencias de la rebelión humana, ella nos asegura que el evangelio provee la solución perfecta. El evangelio trata la vergüenza diciendo que Cristo fue avergonzado en nuestro lugar para restaurar nuestro honor. El evangelio trata el miedo al decirnos que Cristo ha derrotado todo poder y que incluso él nos da su poder. Y el evangelio trata la culpa asegurándonos que Cristo asumió nuestra culpa para poder darnos su inocencia. El evangelio quita la vergüenza, el miedo y la culpa; restablece el honor, el poder, y la inocencia. El evangelio se dirige a cada persona de cada cultura y aborda cada una de sus necesidades.

 

Para leer más sobre los tres tipos de cultura, tal vez te interese este breve artículo en inglés de Power to Change.