¿Cuándo es el momento adecuado para practicar la disciplina de la iglesia?

En un reciente viaje a India, en una sesión de preguntas alguien me preguntó: «¿Cómo sabemos cuándo es el momento adecuado para practicar la disciplina de la iglesia?». Esta es mi respuesta.

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¿Cómo sabemos cuándo es el momento adecuado para practicar la disciplina de la iglesia?

En nuestra iglesia creemos fuertemente en la membrecía. Queremos que la calidad de miembro sea muy significativa, lo que implica que hay un pacto que se celebra cuando uno se hace miembro. Eso incluye estipulaciones de que, si uno cae en pecado, potencialmente recibirá la disciplina de la iglesia, lo cual se hace con el propósito de la restauración, para purificar la iglesia, pero esperamos restaurar a esa persona, que el proceso de disciplina la devuelva a Cristo.

La disciplina de la iglesia es algo que rara vez hacemos, y se aplica lentamente con un gran deseo de efectuarla de tal modo que traigamos de vuelta a esa persona. Así que no se debe tener miedo a aplicar la disciplina.

Si alguien ha cometido un pecado que es público y conocido; si alguien está viviendo de un modo rebelde; si claramente le ha dado la espalda al Señor, incluso teológicamente, y trae división a la iglesia, queremos poner a esa persona bajo la disciplina de la iglesia. Pero cuando las personas vienen a nosotros los ancianos con preguntas, siempre queremos que ellos tomen la iniciativa en el asunto. Como ancianos, no es nuestra labor resolver todas esas cosas, no es nuestra labor involucrarnos sino en el segundo o tercer paso de la disciplina de la iglesia.

Así que, si alguien viene a nosotros y dice qué pasa con esta persona, le decimos, acércate tú a esa persona. Si está pecando y tú estás consciente de ello, ve con tu hermano y exhórtalo. Minístrale la verdad de Dios y muéstrale dónde está equivocado y llámalo al arrepentimiento. Si no lo hace, busca a alguien más. Toma a otra persona y vayan los dos a confrontarlo. Y si aún así no se arrepiente, vengan a nosotros. Esos dos primeros pasos pueden tardar semanas o meses. Si ese pecado no afecta directa y terriblemente a la iglesia, si no está causando una terrible división o discordia dentro de la iglesia, normalmente nos conformamos con dejarlo por algún tiempo y confiamos en que a veces la Palabra de Dios actúa un poco más lento de lo que nos gustaría. Mientras hay personas orando, llevándole la verdad a esa persona y llamándola a arrepentirse, necesitamos darles tiempo. Pero confiamos en que Dios le ha dado a la iglesia un proceso de disciplina con el propósito de, o restaurar a quienes son realmente salvos pero han caído en pecado, o identificar a quienes por un tiempo fueron parte de la iglesia pero han demostrado ser incrédulos.

Así que, debemos confiar inmensamente en el proceso que Dios nos ha dado y seguirlo fielmente aun hasta la conclusión de expulsar personas de la membrecía de la iglesia. Y aquí debemos tener muy claro que la Biblia presenta esencialmente dos tipos diferentes de disciplina. Un tipo es cuando alguien ha caído en pecado, y otro tipo es cuando alguien está intentando destruir la iglesia con división. Normalmente hablamos de alguien que ha pecado, y en ese caso, si lo expulsamos de la membrecía, no le decimos que no tendremos nada más que ver con él, no le decimos que se vaya y no vuelva. Solo le decimos que le quitamos la membrecía porque no podemos decir con confianza que sea cristiano. Te amamos, queremos que vuelvas a Cristo, y queremos recibirte nuevamente como miembro de esta iglesia, pero primero necesitamos ver que realmente te has vuelto creyente. Así que es importante que no mezclemos estos dos tipos, de manera que no expulsemos a alguien cuando simplemente necesita escuchar la Palabra de Dios y ser salvo.