El deseo de aprobación de los demás

En un reciente viaje a China, me invitaron a pasar un momento con amigos que viven allá. Me hicieron preguntas que abarcaban muchos temas, pero una de las preguntas fue: “Como una persona pública, ¿luchas con el deseo de la aprobación de los demás? ¿Cómo abordas ese asunto?”. Esta es mi respuesta.

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Como persona pública, ¿luchas con el deseo de aprobación de los demás? ¿Cómo abordas ese asunto?

Es una excelente pregunta. Dejé de mirar las estadísticas. En teoría, puedo saber exactamente cuántas personas leen mi página, cuántas me siguen en Twitter, cuántas en Facebook, números y más números. Decidí muy intencionalmente dejar de mirar todo eso porque estaba causando un gran mal en mí. Me estaba comparando. Y solo podía compararme con otras personas. Así que ahora me estoy juzgando. Mi felicidad, mi alegría, mi tristeza dependen de esa otra persona. Y solo puedo estar alegre si me va mejor que la otra persona. O si a él le va mejor, me sentiré desdichado. Es una causa perdida. Yo debería alegrarme si al otro le va bien porque está escribiendo buen material y si la gente lo elogia y le agradece el buen trabajo que ha hecho; si me amargara por ello, ¿qué diría eso de mí?

Así que tuve que hacer un trabajo muy serio en mi interior para ajustar mi actitud y ver por qué era tan difícil. Y me di cuenta de que en realidad estaba luchando con el pecado de envidia. La envidia es un pecado que compara; cuando uno está envidioso por alguien, se compara con esa persona. Cuando uno gana la comparación, aumenta el orgullo. Cuando pierde la comparación, se vuelve desdichado. Así que es un pecado que nunca entrega alguna alegría. Como sea, uno va a crecer o en orgullo o en esa impía ira o tristeza. Así que tuve que lidiar con ese pecado y pedirle al Señor que me perdonara y realmente luché firmemente con ese pecado.

Una de las formas en que lo hice fue comenzar a elogiar y a ayudar a las personas con las que me comparaba naturalmente. Así que, en vez de resentirme, yo iba a decir, lean a esta persona, está escribiendo un buen material, y dirigía a la gente hacia él. Y creo que entonces yo estaba ante el Señor intentando decir que me tomaba el asunto en serio. Si esa persona va a tener un blog mucho más exitoso o muchos más lectores, si eso te glorifica, entonces tendré que estar bien con eso. Y creo que con el tiempo el Señor realmente me ayudó a aceptarlo, a estar contento con ello.

Pero la comparación es el enemigo de la alegría. Mientras más nos comparamos con los demás más desdichados nos volvemos. Mientras más nos comparamos con Cristo, ahora nos comparamos con el verdadero estándar y realmente podemos crecer en sa